El abogado del mal
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Las películas que transcurren en una corte, juicio mediante, deben tener una poderosa carga dramática en las actuaciones de sus protagonistas. Además, suelen apoyarse en situaciones que ocurren fuera de la corte y que aportan mayor carga a las emociones y hacen que el espectador tome partido por alguien porque conoce elementos que los personajes no.
Pero en El abogado del mal (supongo que titulada de ese modo para emparentarla con El abogado del Diablo de 1997, protagonizada por el propio Keanu Reeves), opus número dos de Courtney Hunt, no hay elementos externos al propio juicio que aporten algo a la carga dramática. Es más: no existe tal carga en esta película que, más bien, apenas es un poco superior a un episodio de La ley y el orden, serie que Hunt dirigió hace un par de años.

El nuevo abogado de Hunt
En la película El abogado del Mal, Mike (Gabriel Basso) es un adolescente acusado de apuñalar a sangre fría a su propio padre, Boone (James Belushi), un prominente abogado que aparentemente humilla verbal y físicamente a su mujer (la resucitada Renée Zellweger). Tomará el caso el abogado Richard Ramsey (Keanu Reeves), cercano a la familia, quien tiene en contra el hecho de que el chico, aleccionado por su padre, conoce su derecho a no hablar con nadie. Sin siquiera dirigirle la palabra a su propio abogado. Así que éste deberá trabajar con lo poco que descubriendo gracias a los testigos, ayudado por la joven abogada Janelle (la desaprovechada Gugu Mbatha-Raw).
Hunt, quien tomó un guion de Nicholas Kazan (que desde 2002 no había firmado uno solo, a pesar de tener en su filmografía el de Matilda), hace que el espectador vaya conociendo exactamente lo mismo que el abogado, con el mal tino de prácticamente ilustrar los diálogos cuando presenta los flashbacks con los que va completando la historia. La realizadora, nominada al Óscar por el guion de su ópera prima Río helado (2008), es incapaz de hacer que Reeves, un actor que no se distingue por su gran talento, cargue con la parte emotiva de esta entrega.
Lo que pensamos sobre esta película
Saturado de gestos anodinos de aparente incertidumbre, con diálogos que supuestamente nos presentan a un tipo cínico y con su clásico comportamiento acartonado (en Matrix no necesitaba mucho más, aparte de su habilidad para las machincuepas, y de Punto de quiebre ya pasaron 25 años), Reeves simplemente se deja llevar en piloto automático. La maleta que su personaje jala a todas partes, el cuarto de motel que usa como oficina para el juicio y, sobre todo, la narración en off que sitúa la historia en el pasado no son más que accesorios con los que la directora enfatiza el verdadero rol que juega el abogado en la historia y que el título en español (que se pasó por alto el The Whole Truth, la verdad completa, original) explicita groseramente.
Hunt, tal vez influenciada por su trabajo en La ley y el orden, va dirigiendo todos sus esfuerzos a que sepamos que habrá una «sorpresiva» vuelta de tuerca porque todos ocultan algo (se lo dice Richard a Janelle). Pero con los elementos arriba enumerados es fácil adivinar hacia dónde va la historia, una clase magistral sobre lo que no debe hacerse para generar suspenso. Si la premisa de Hunt fue que menos es más (economía de personajes, de locaciones y hasta de argumentos), sus desaciertos sólo sirven para dar por cierto el dicho de que la excepción confirma la regla.

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