Gran Turismo: De jugador a corredor – Crítica de la película

Gran Turismo: De jugador a corredor – Crítica de la película

Los planes de desarrollar una película basada en Gran Turismo, el videojuego/simulador de carreras para PlayStation, se revelaron en dos ocasiones. El primer anuncio de Sony se dio en 2013 y no llegó a nada. En ese entonces, muchas personas se preguntaron por qué se había decidido adaptar la propiedad, sobre todo cuando ya estaba en camino Need for Speed (2014), otra versión live action de un juego centrado en automóviles veloces.

Para 2022, cuando se hizo el anuncio del segundo intento, las cosas eran diferentes. Las cintas basadas en juegos para consolas digitales ya eran mucho más aceptadas –o el público se resignaba a la aparición esporádica de estas–. Además, contrario a lo que había sucedido hace casi una década, ahora sí se revelaron detalles de la trama.

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Crítica de la película Gran Turismo: De jugador a corredor.

Gran Turismo: De jugador a corredor cuenta la historia de Jann Mardenborough (Archie Madekwe), un ávido gamer que conoce al derecho y al revés los títulos de la franquicia de simuladores, pues pasa sus días practicando con el equipo tecnológico que tiene armado en su cuarto. Él quiere seguir los pasos de su padre, exfutbolista, y dedicarse al deporte, pero no en una cancha, sino en los autódromos.

Mientras sueña con llegar a la pista, recibe una invitación para participar en la Academia GT, un programa cazatalentos creado por Danny Moore (Orlando Bloom), ejecutivo de ventas de Nissan. El programa tiene el objetivo de convertir –con la ayuda de Jack Salter (David Harbour), expiloto y técnico especializado– a varios gamers de diferentes países en corredores reales.

Sí, suena imposible. Pero eso es lo curioso de esta propuesta: se basa en algo que sí sucedió. Mardenborough no era corredor profesional y, con mucho entrenamiento y una oportunidad única, se convirtió en uno. No cabe duda de que estamos ante material para una cinta biográfica estándar. Y hay algo que es importante dejar claro desde ahora: en realidad, la estructura básica sí es de biopic de manual.

El guion, escrito por Jason Hall (Gracias por tu servicio) y Zach Baylin (Rey Richard: Una familia ganadora, Creed III), no evade la presentación de los elementos que conforman la fórmula clásica. Hay un protagonista que tiene un sueño y hará lo que sea por cumplirlo, pero tendrá que sortear varios obstáculos, como la presencia de un mentor renuente y nada complaciente, además de la nula aceptación de algún miembro de su familia hacia lo que quiere hacer en su vida. Y, claro, también hay rivales a vencer.

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No obstante, aquí lo que importa no es el qué, sino el cómo. El director de este proyecto es Neill Blomkamp, conocido por obras de ciencia ficción como Sector 9 (2009), Elysium (2013) o Chappie (2015). Sin duda, la elección del sudafricano para comandar el proyecto resulta atinada. Queda claro que, para él, este fue un trabajo por encargo del estudio. Aunque es notorio que no pudo influir mucho en la dirección que tomaría el guion, se agradece que sí logra reconfigurar los tropos ya conocidos. Esto es gracias a dos aspectos clave en su filmografía.

Primero, está la destreza usual del cineasta para hacer que sus largometrajes luzcan bien y llenen la pantalla con imágenes impactantes. La cinta emplea un estilo de cámara en mano que emula en todo momento al cine documental. Esta técnica ya ha sido empleada por Blomkamp en entregas previas de su filmografía, pero al desprenderse del contexto sci-fi se vuelve más eficaz en un nivel emocional. La fotografía ultra realista de Jacques Jouffret (Milla 22) se mezcla muy bien con los gráficos generados por computadora, que también son un deleite para las pupilas. Sobre todo en las escenas en las que vemos a Jann pasar del sillón del simulador a un auto de carreras genuino. Es imposible no quedar con la boca abierta cada vez que hay una transición del mundo de bits al real.

Otra cosa que destaca es la habilidad del creativo para darle a sus protagonistas humanidad palpable. La película se mantiene a flote en gran parte gracias al carisma de Madekwe, Bloom y Harbour, pero también por la forma en que sus interpretaciones fueron dirigidas. No hay ni un atisbo de cinismo en sus caracterizaciones y, por eso, es sencillo preocuparse por ellos. Cuando están en la pista y fuera de ella, todo importa.

Quizá para describir bien la forma en la que el filme le saca la vuelta al artificio trillado es necesario hablar de una escena importante, aún si esto significa dar spoilers ligeros. Cuando todos los aspirantes ya están dentro de la academia, comienzan las pruebas sin simuladores. Es el turno de Jann para competir, en pista y automóvil, contra Matty Davis, el favorito para hacerse con un puesto en la escudería Nissan. En el último tramo de la carrera, ambos llegan a la línea de meta con un milisegundo de diferencia.

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La película Gran Turismo: De jugador a corredor.

Salter, el entrenador, revisa el material de las cámaras y se da cuenta de que el ganador fue Mardenborough, pero Moore, fiel al mundo de las ventas, le dice que sería mejor continuar las actividades con Davis, porque tiene mucha presencia y “no tartamudea ante las cámaras”. Salter sólo reitera que “Jann ganó” y no hay mayor discusión, ni un pleito exagerado, ni música sentimental de fondo. Sólo alguien defendiendo el talento que tiene enfrente.

Así, la película Gran Turismo: De jugador a corredor se convierte en una experiencia imperdible. Al final, la inserción de los recursos narrativos clásicos es una mera transacción para poder ofrecer algo mucho más grande. Con honestidad de sobra y visuales inmersivos, es prueba de que las megaproducciones todavía se pueden hacer con mucha calidad. No sólo aborda la importancia de darle a las personas oportunidades para demostrar sus capacidades. También es vigorizante y deja al espectador con una sonrisa de oreja a oreja al salir de la sala. Asombro y adrenalina en su máxima expresión.

autor Me fascina escribir, escuchar, leer y comentar todo lo relacionado con el cine. Me encanta la música y soy fan de The Beatles, Fleetwood Mac y Paramore. Mis películas favoritas son Rocky y Back to the Future y obvio algún día subiré los “Philly Steps” y conduciré un DeLorean. Fiel creyente de que el cine es la mejor máquina teletransportadora, y también de que en la pantalla grande todos nos podemos ver representados.
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