Las 20 mejores películas argentinas de la historia

la ciénaga lucrecia martel, 2001

Eyeworks Cuatro Cabezas, TS Productions, 4k Films, Wanda Visión


    Hay que ser precavides al escoger «las mejores películas» de cualquier nacionalidad. No solo porque lo absoluto represente un sinsentido en un canon que debiera estar en constante revisión, sino porque a cada película que se incluye en una lista cerrada, deben dejarse tantas otras (igual o más importantes) de lado. Por ello, la lista que sigue quiere tener ánimo representativo, abrazando el cine argentino más visto y premiado (sí, las películas que la crítica odia y el público ama), pero también aquel que no que no lo fue y merece ser rescatado. Con esto por delante, entrando una breve historia del cine argentino.

    La «edad de oro» del cine argentino empieza con el sonoro (la primera fue ‘¡Tango!’, musical de 1933, que convivió con ‘Los tres berretines’, en la lista). Los años treinta son tiempo de importación de técnica y formas de la comedia estadounidense, momentos de consagración de las primeras estrellas: Libertad Lamarque, Tita Merello, Pepe Arias, Luis Sandrini y Niní Marshall. Encontraremos algunos de sus nombres en la lista. Hacia 1940 se instaura la lógica de producción del star-system, y crece la producción al establecerse la Ley del Cine en 1946, con la primera presidencia de Perón. ‘Dios se lo pague’ fue uno de los éxito más rotundos del momento, tras su exportación masiva por América del Sur y en su paso por los Oscars (aunque la estatuilla no garantiza el paso a la historia del cine: estas películas míticas que no fueron nominadas al Oscar).

    El cine criollo creció a la sombra del peronismo. Así, con la llegada de la Revolución Libertadora (la dictadura) en 1955, toda la industria cinematográfica quedó trastocada: la producción cayó de cuarenta y tres películas en 1955 a solo doce en 1957, dejando a los grandes estudios en la ruina. Por suerte, había un colectivo de cineastas independientes que quiso ocupar su lugar con un modelo similiar al de la Nouvelle Vague (¿Sabes de qué hablamos? Marchando 20 películas imprescindibles de la Nouvelle Vague). Sus películas se diferenciaban del cine popular nacional, tanto en cuanto a la temática como en su puesta en escena, en la vanguardia y arraigada a la literatura de plumas como Borges y Cortázar. ‘Los de la mesa 10’, de Simón Feldman, sentó la primera piedra para este cambio radical. Manuel Antín, Sergio Renán y Lautaro Murúa fueron grandes integrantes de la llamada Generación de los 60.

    El siguiente azote a la industria del cine argentino vino con la última dictadura militar, en marzo de 1976. Al golpe de estado y el oscuro período posterior, lo acompañó una industria cercana al régimen, con cineastas como Atilio Mentasti, Enrique Carreras y Palito Ortega rodando propaganda con los valores reaccionarios del gobierno militar. El cine va siempre con la vida: en 1981 se estrena ‘Tiempo de revancha’, de Adolfo Aristarain, film que marca el inicio en la pantalla de la transición democrática (era una de aquellas películas para ser un rebelde, con causa).

    En 1983 finalmente se produce la abolición de la censura y la cinematografía local empieza a recuperarse. Las películas de la época, eso sí, miran con una dureza necesaria su pasado reciente. ‘La historia oficial’ (Luis Puenzo, 1985), Oscar a Mejor Película no inglesa, es un ejemplo perfecto de cómo Argentina relataba y comprendía la dimensión de sus propios horrores (porque las películas también pueden ayudarnos a mirar el pasado: estas son las mejores películas para aprender historia). A partir de los noventa, empieza a nacer lo que hemos llamado «nuevo cine argentino», con films como ‘Pizza, birra y faso’ (Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano, 1998), ‘Mundo grua’ (Pablo Trapero, 1999) y ‘La Ciénega’ (Lucrecia Martel, 2000) por mejores ejemplos. Son años de crisis económica por los excesos del neoliberalismo, pero detrás dejan grandes películas de creadores noveles.

    Hoy el cine argentino quiere explorar otros territorios biopolíticos: ¿Cómo se piensa un país cuyas metrópolis nada tienen que envidiar a la Modernidad de la Vieja Europa, pero que aún no ha legalizado el aborto? ¿Cuáles son los colectivos que debieran empezar a tomar parte de la historia del nuevo nuevo cine argentino? En cualquier caso, entrando lista.

    El pañuelito de Clara (Emilia Saleny, 1919)

    En un titular: Para conocer el cine mudo argentino.

    Emilia Saleny fue una auténtica pionera: fue la primera cineasta argentina y la primera profesora de actores de cine de América del Sur. La reivindicamos a través de la muy notable ‘El pañuelo de Clarita’, filmada entre 1917 y 1918, su única película que hoy se conserva y una perlita del cine mudo de aventuras.

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    Sinopsis: Clarita, una niña perteneciente a una familia adinerada, encuentra a una persona sin techo en el banco de una plaza y le regala su pañuelo y una moneda. Cuando ella sea secuestrada, solo el hombre irá en su rescate.

    Los tres berretines (Enrique Susini, 1933)

    En un titular: Para admirar a las estrellas de cine de antaño.

    Segunda película hablada del cine argentino (la primera fue el brillante musical ‘¡Tango!’, estrenada un año antes) y la primera en tener argumento. Su protagonista Luis Sandrini, actor de formación teatral, es aún hoy considerado la primera estrella argentina.

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    Sinopsis: ¿Cuáles son «los tres berretines» (pasatiempos) favoritos de cualquier porteño? Claro está, el fútbol, el tango y el cine. Esta es la historia de una familia de clase media de Buenos Aires, que vive de una ferretería y en la que el padre se queja porque todos tienen un «berretín» que les lleva a desatender el negocio familiar. Aunque finalmente sea el propio padre quien termine siendo abducido por los tres berretines…

    Los martes, orquídeas (Francisco Mugica, 1941)

    En un titular: Para practicar nuestra empatía.

    Francisco Mugica fue el granhombre de la comedia clásica argentina (el otro es Carlos Schlieper). En esta historia de buen ver, Mugica descubriría a Mirtha Legrand, convertida en estrella gracias a una historia que, ante todo, es una monada. ‘Los martes, orquídeas’ tuvo un remake hollywoodense con Fred Astaire y Rita Hayworth: ‘Bailando nace el amor’.

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    Sinopsis: Elenita (Legrand), la menor de cuatro hermanas, es una jovencita tímida, romántica y adocenada. Para intentar cambiar su carácter y que madure, su padre le envía semanalmente un ramo de orquídeas haciéndole creer que son de un oculto admirador.

    Dios se lo pague (Luis César Amadori, 1947)

    En un titular: Para mordernos las uñas con un thriller clásico.

    La primera película argentina de la historia en ser reconocida internacionalmente: ‘Dios se lo pague’ obtuvo una mención a Mejor Película de Habla no inglesa en los Oscar, demostrando que el cine porteño no tenía nada que envidiar a los cabecillas del noir del momento. La podemos encumbrar como cara B de la más conocida ‘El halcón maltés’, estrenada ese mismo año.

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    Sinopsis: Nancy frecuenta casinos clandestinos y ostenta su elegancia para disimular su pobreza, mientras espera que un hombre adinerado aparezca y se ocupe de ella. Un día, un pretendiente rico y misterioso le ofrece una vida de lujos… Todo, a condición de que no le pregunte por su pasado.

    Las furias (Vlasta Lah, 1960)

    En un titular: Para sorprendernos con una joya feminista.

    Basándose en una obra de teatro de Enriquez Suárez de Deza, la directora Vlasta Lah presentó un título sorprendente en el circuito comercial de la época. Pionera, ‘Las furias’ es una película sobre mujeres buenas, cuestionables, repelentes… Que cuestionan los cánones familiares y buscan liberarse como pueden.

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    Sinopsis: Cinco mujeres, que son madre, hija, hermana, esposa y amante, conviven en una casa que apenas pueden mantener, lejos del mundanal ruido (del género masculino) y con un objetivo claro: deshacerse del hombre que las une.

    El perseguidor (Osias Wilenski, 1965)

    En un titular: Para amantes de ‘Whiplash’ y la Nouvelle Vague.

    Osias Wilensky, pianista y director surgido de la televisión, adaptaba a Julio Cortázar en este relato inspirado en la vida de Charlie Parker, donde un saxofonista persigue la perfección hasta terminar destruyéndose. Abran oídos, que firma la música nada menos que Leandro «Gato» Barbieri.

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    Sinopsis: Juan (Inda Ledesma) es un joven músico que, pese a ser un virtuoso del jazz, tiene problemas serios para adaptarse a la sociedad que lo rodea. Con un solo camino en claro, lo sacrificará todo para llegar al dominio total del saxo… Aunque ello signifique destruirse.

    La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974)

    En un titular: Para aprender de una Historia oscura.

    Conquistó el Oso de Plata del Festival de Berlín y se convirtió en uno de los grandes hits del cine argentino de los 70. Basado en el libro de Osvaldo Bayer, recrea las huelgas de los obreros patagónicos durante el gobierno de Yrigoyen y su posterior fusilamiento por parte del ejército. Prohibida, autorizada por Perón y vuelta a prohibir después de su muerte, la película es una cita ineludible en la cinematografía del país.

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    Sinopsis: En 1920, unos obreros de la Patagonia argentina, agrupados en sociedades anarquistas y socialistas, deciden hacer una huelga exigiendo mejoras laborales. Entre los trabajadores hay numerosos emigrantes europeos que influyen ideológicamente en sus compañeros. La situación se hace insostenible y el gobierno de Yrigoyen manda, desde Buenos Aires, al teniente coronel Zavala para que restablezca el orden.

    Nazareno Cruz y el lobo (Leonardo Favio, 1975)

    En un titular: Para aullar ante el cine fantástico argentino.

    Basada en una obra de radioteatro de uno de los más importantes autores radioteatrales del país, Juan Carlos Chiappe. Según el propio director, Leonardo Favio (‘Soñar, soñar’, ‘Juan Moreira’), fue la última película feliz que hizo en su vida, un «canto de amor» concebido como respuesta a la violencia política que ensangrentaba al país. A quienes no conocíamos el contexto, nos quedó una tremenda historia de amor que se pone peluda bajo la luna llena.

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    Sinopsis: Nazareno es el séptimo hijo de un campesino y un hombre lobo que vive con relativa tranquilidad su condición hasta que se enamora de una humana. Ríete tú de ‘Luna nueva’, porque el mismísimo Diablo acudirá en busca del chico para advertirle de que su nuevo amor puede serle un problema.

    Camila (María Luisa Bemberg, 1984)

    En un titular: Para llorar a mares pensando en el amor imposible.

    La tragedia real de Camila O’Gorman (un clásico en Argentina) inspiró a este drama romántico, donde el amor de una aristócrata ultraconservadora por un cura desafiaba todas las estructuras y normas sociales (y acababa como el rosario de la aurora). Gran éxito en la taquilla argentina, fue nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera y le brindó a su directora, María Luisa Bemberg (‘De eso no se habla’, ‘Señora de nadie’), un tremendo reconocimiento popular.

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    Sinopsis: Narra la historia de amor que mantuvieron, en el siglo XIX, la aristócrata Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez. La suya fue una relación que provocó el escándalo entre la iglesia y la sociedad de la época, pero que apetece tomar con té y tacitas.

    Esperando la carroza (Alejandro Doria, 1985)

    En un titular: Para perderle el miedo a las familias numerosas.

    A ojos de tanta gente, más que una película, ‘Esperando la carroza’ es una postal de su identidad. Comedia bien argentina, grotesco criollo, costumbrismo fatal: a pesar de las críticas mixtas en el momento de su estreno, los nombres de su reparto (Antonio Gasalla, China Zorrilla, Luis Brandoni, Betiana Blum, Darío Grandinetti) aseguraron su pervivencia como estatuilla a la que rezar si diriges comedia alguna en Argentina.

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    Sinopsis: Mamá Cora, muy cerca ya de los ochenta años, tiene tres hijos y una hija. Vive con uno de ellos, que pasa serios apuros económicos. Un día la familia se reúne para celebrar una comida de aniversario, y es en ese momento cuando se plantea el gran dilema: ¿Quién se hará cargo de ella llevándosela a su casa? El peliagudo asunto se complica cuando reciben la noticia de que la anciana se ha tirado a la vía del tren.

    La historia oficial (Luis Puenzo, 1985)

    En un titular: Para darle una vuelta a nuestras verdades oficiales.

    El Globo de Oro y el Oscar a Mejor Película de Habla no inglesa son algunos de los muchos premios que acumula este dramón, que sabía equilibrar entre la denuncia de las acciones macabras de la dictadura, y lo íntimo del conflicto humano de quien descubre que su propio relato está lleno de agujeros y contradicciones. Una imprescindible.

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    Sinopsis: Buenos Aires, 1983. En los últimos años de la dictadura militar argentina, una acomodada profesora de historia comienza a tomar conciencia de lo ocurrido en ese periodo. Sus sospechas sobre los oscuros asuntos de su marido y una Abuela de Plaza de Mayo que busca a su nieta son los motivos que la llevan a replantearse «la historia oficial».

    Hombre mirando al sudeste (Eliseo Subiela, 1987)

    En un titular: Para amantes de la ciencia-ficción más política.

    Los 80 en Argentina fueron los 90 en Hollywood. Crisis de identidad, un sistema opresivo, las grandes verdades revisitadas… Pero no todo el cine pasaba por el realismo: la ópera prima alienígena de Eliseo Subiela tuvo un éxito rotundo en taquilla y sirvió de base para ‘K-Pax. Un universo aparte’ (Iain Softley, 2001), un plagio made in America con Kevin Spacey y Jeff Bridges. Además, ganó el premio de la crítica del Festival de Toronto.

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    Sinopsis: El doctor Julio Denis es un médico psiquiatra y trabaja en un neuropsiquiátrico. Un día llega al hospital un joven, Rantés, que dice ser un ser de otro planeta. Lo trata como paranoico, pero Rantés irá introduciéndose en su vida, haciéndolo dudar de si realmente está loco, con lo que, sutilmente, lo obliga a replantear su vida y profesión.

    Historias breves (VVAA, 1995)

    En un titular: Para amantes del cine como surtido de galletas.

    La primera piedra del Nuevo Cine Argentino se encuentra en una serie de cortometrajes realizados por estudiantes de la Universidad del Cine y premiados por el INCAA, en una muestra que se replicaría a lo largo de los años como el aparador oficial del mejor nuevo cine de autor del país.

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    Sinopsis: De entre los cortos, destacan ‘Rey muerto’ de Lucrecia Martel, ‘Niños envueltos’ de Daniel Burman, ‘Cuesta abajo’ de Adrián Caetano y ‘Guarisove, los olvidados’ de Bruno Stagnaro. Se dice pronto.

    Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000)

    En un titular: Para vivir un subidón de adrenalina.

    La ópera prima de Fabián Bielinsky es un thriller trepidante que también supuso el descubrimiento al gran público de Ricardo Darín. Un ejercicio de impronta hitchcockiana y carácter perverso que aludía directamente al abanico de oportunistas y estafadores nacidos de la resaca económica de los años 90 en Argentina.

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    Sinopsis: Juan y Marcos son dos estafadores que están a punto de dar el golpe de sus vidas, el que puede convertirles, al fin, en millonarios. Solo disponen de 24 horas, pero si lo planifican todo al detalle nada puede salir mal… O eso creen.

    La ciénaga (Lucrecia Martel, 2001)

    En un titular: Para olvidar los interminables veranos en familia.

    Ganó el Oso de Oro en Berlín con su ópera prima y se alzó como la cabeza indiscutible de un nuevo cine sin tapujos, que explora las texturas de una sociedad provinciana, profundamente hipócrita y degradada, con una inventiva tremenda. Ver ‘La ciénaga’ por primera vez, con cascos y los ojos bien abiertos, es una experiencia pegajosa y mugrienta, difícil de olvidar.

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    Sinopsis: Dos familias, una de clase media urbana y otra de terratenientes en decadencia, se entrecruzan en el sopor veraniego de una Salta caótica e inmutable, donde nada sucede pero todo está a punto de estallar.

    El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)

    En un titular: Para deleitarse en las mejores formas del noir.

    Su Oscar por delante de ‘Un profeta’ y ‘La cinta blanca’ pareció injusto en su momento, pero la película de Juan José Campanella tiene todo lo que los clásicos que perviven en el tiempo: fluidez narrativa, buen arraigo al género del que parten (el noir) y un humor basado en los diálogos inolvidables de Eduardo Sacheri, autor de la novela original y también tras el guion.

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    Sinopsis: Benjamín Espósito es oficial de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires recién retirado. Obsesionado por un brutal asesinato ocurrido veinticinco años antes, en 1974, decide escribir una novela sobre el caso, del cual fue testigo y protagonista. Reviviendo el pasado, viene también a su memoria el recuerdo de una mujer, a quien ha amado en silencio durante todos esos años.

    Jauja (Lisandro Alonso, 2014)

    En un titular: Para enloquecer en sueños de oro.

    Ganó el Premio de la Crítica en el Festival de Cannes y le dio a un camaleónico Viggo Mortensen el Premio Fenix a Mejor Actor. Es muestra de una rama del cine argentino, encabezada por Martín Rejtman, Lucrecia Martel y el mismo Lisandro Alonso, que triunfa en festivales y entre la crítica, más que en salas nacionales, y que lleva revisitando las sombras de la colonización de América del Sur.

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    Sinopsis: Patagonia, 1882. Durante la campaña genocida conocida como la Conquista del Desierto, el capitán Dinesen y su hija permanecen en un destacamento en medio de la nada. Cuando ella desaparezca, persiguiendo a un joven soldado del que está enamorada, su padre iniciará una desesperada búsqueda.

    La flor (Mariano Llinás, 2018)

    En un titular: Para quienes tengan un rato y busquen un reto.

    La maratónica duración de esta película (casi catorce horas) la hace todo un hito en la vida cinéfila de cualquiera. Sin embargo, Mariano Llinás, una de las voces más auténticas y poderosas del cine argentino contemporáneo, construye el serial definitivo: con solo cuatro actrices, narra historias de géneros muy diferentes (desde el terror con momias hasta el melodrama, el noir y el musical), en un universo tan intricado y apabullante como los cuentos de Sherezade. Que la emoción no os pille por sorpresa. Ganó a Mejor Película y Reparto en BAFICI.

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    Sinopsis: ‘La flor’ se divide en seis episodios separados: los primeros cuatro episodios tienen el comienzo de una historia pero terminan «in medias res». El quinto episodio es el único que procede de principio a fin, y el último episodio acaba de concluir una de las historias.

    Las hijas del fuego (Albertina Carri, 2018)

    En un titular: Para reivindicar las virtudes del mejor porno.

    ¿«Road movie porno lesbo-feminista»? Sí, es. ‘Las hijas del fuego’ es una película tremendamente política en un mundo que ha excluido las identidades y los cuerpos no normativos de poder ser objetos de deseo y de placer. La película de Carri, abiertamente pornográfica, desafía al espectador con una búsqueda que pasa por reconocer el deseo propio y el de otres.

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    Sinopsis: Tres mujeres se cruzan por azar en el fin del mundo e inician un viaje poliamoroso que las transforma hasta devolverlas a su ciudad natal siendo otras.

    Las mil y una (Clarisa Navas, 2020)

    En un titular: Para reivindicar historias aún al margen.

    «Cuando lo queer parece haber sido incorporado como aceite nuevo en la gran maquinaria de la industria cultural, Navas mete el dedo en la llaga e identifica que, por desgracia, nunca podrá realizarse el amor sin justicia social», decíamos en nuestra crítica de la película. Por ello, la película de Clarisa Navas propone volver tras nuestros pasos y reconocer en los lugares comunes la necesidad de contar nuevas historias, de incorporar voces marginales. Incluir esta preciosa ópera prima en una lista tan canónica como improvisada quiere ser un poco eso, también.

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    Sinopsis: Iris, de 17 años, ha sido expulsada de la escuela y pasa los cálidos días y noches con sus dos mejores amigas, sus primas, en habitaciones estrechas, jugando con su teléfono móvil o en las calles vacías de la ciudad. Cuando Renata, fría y segura de sí misma, entra en escena, Iris queda fascinada, y no pasa mucho tiempo antes de que comiencen a coquetear. Pero en la zona, los rumores sobre el pasado de Renata son cada vez más fuertes.

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