Cuando llega el otoño – Crítica de la película
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En 2023, el director François Ozon presentó Mi crimen como parte del Tour de Cine Francés. Dicha película, un whodunit con algunos errores de ejecución, dejó claro que el cineasta tiene un gran interés por los misterios y la comedia. En esta ocasión, Ozon presenta Cuando llega el otoño, su nueva película, y en la que se nota una tremenda mejoría de principio a fin. Partiendo nuevamente de un misterio, la trama nos lleva a un viaje por todos los sentimientos que pueden “envenenar” la relación de una familia.
Michelle es una adorable abuela que vive su retiro en un pequeño pueblo de Borgoña. Vive cerca de su mejor amiga Marie-Claude con la que tiene una gran complicidad desde que eran jóvenes. Durante las vacaciones la visita su hija Valérie, todo para dejarle a Lucas, su hijo, pero las cosas no salen como estaba previsto. Un error de la abuela (con setas venenosas) termina por arruinar los planes familiares. ¿Accidente? ¿Intento de asesinato? La investigación revelará más de una verdad que nadie se imaginaba.

Para que una película como Cuando llega el otoño funcione, se necesita que una gran actriz interprete a Michelle. El personaje es un encanto a la vista, y tanto sus modales como educación refieren que se trata de una abuela perfecta. Sin embargo, hay varios diálogos que apelan a una mujer ligeramente resentida, y la cual no es tan santa como se piensa. Es el gran trabajo de Hélène Vincent quien nos hace querer a Michelle, pero también dudar de sus intenciones y la insistencia por tener una familia unida.
Junto a ella, pero en roles menores, tenemos un ensamble muy bien armado. Josiane Balasko es Marie-Clare, una amiga fiel, siempre honesta y, al mismo tiempo, una madre con miedo de que su hijo vuelva al camino que lo llevó preso. Este rol recae en Pierre Lottin como Vincent, que al principio parece un personaje más, y con el paso del tiempo gana un peso brutal. También tenemos a Garlan Erlos y Paul Beaurepaire como Lucas en su infancia y adolescencia, respectivamente.
Aunque Michelle es la protagonista absoluta, resulta imposible dejar de lado a Ludivine Sagnier como Valérie. Con muy poco tiempo en pantalla construye un personaje totalmente ambiguo. Uno que nunca terminamos de conocer por completo, y el cual carga con las decisiones de los demás. Lo fascinante no es sólo la actuación de Sagnier, sino cómo el guion (también escrito por François Ozon) la usa para ahondar en el tema principal de la trama: toda familia tiene su propio veneno, y este no se encuentra sólo en un puñado de setas.

Lo interesante de Valérie, y que al mismo tiempo hace de Cuando llega el otoño una gran recomendación, es que ella construye la historia. La conocemos desde la perspectiva de Michelle, pero también de Lucas, su exesposo, y todo lo que la protagonista le ha contado a Marie-Claire, y esta última a Vincent. Nunca sabemos del todo quien es Valérie, y eso permite que haya giros, revelaciones inesperadas, y muchas verdades ocultas que, como en toda familia, salen en los momentos menos esperados.
Lógicamente, la edición se beneficia de ello. Más allá de las setas, hay otro misterio cuyas capas se van revelando con el paso de los minutos. La tensión es palpable, y tanto los actores como el guion están a la altura de lo que se espera. En la ya mencionada Mi crimen, Ozon perdía el punto central de la trama con momentos de comedia innecesaría. Aquí utiliza el humor negro (de forma muy sutil) para aligerar los momentos más oscuros, pero también como un instrumento para hacernos dudar de todos.
A nivel técnico, Cuando llega el otoño es una película poco ambiciosa, pero siempre correcta. La casa de Michelle cumple totalmente al añadirse como un personaje más, y el departamento ocupado por Valérie nos deja conocer un poco más de ella. Incluso el bosque sirve de acompañamiento para algunas escenas emotivas, como las caminatas de Michelle y Marie-Claude. Lejos de la excentricidad vista en su proyecto previo, François Ozon le deja todo el peso de la historia al guion. Esto se convierte en una decisión más que acertada.

Con tremendas actuaciones, un guion que todo el tiempo va de menos a más, y muy interesantes guiños al pasado y las expectativas de una madre a sus hijos, Cuando llega el otoño es un thriller sólidamente equilibrado. Cierto es que su final podría emocionar aún más a los espectadores o arruinarles los dos actos previos, pero la intención es clara y la ejecución aún mejor.
Siempre es agradable encontrar una película como esta, donde hay que analizar cada diálogo, mirada o movimiento para saber si hay una doble intención, o si la paranoia ha traspasado la pantalla. Al final, si algo nos enseñan Michelle y Valérie, es la existencia de algo más peligroso que setas venenosas: las palabras, o mejor dicho, las verdades de quienes amamos.

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