La isla olvidada – Crítica de la película

La isla olvidada – Crítica de la película

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Entré a la sala sin ninguna expectativa. De lo poco que sabía de la película La isla olvidada, esperaba una aventura animada más, bonita a la vista y olvidable al día siguiente. Me llevé una sorpresa: pocas veces una película infantil reciente se anima a decir algo tan sincero sobre la amistad sin caer en el cinismo o la fórmula fácil y genérica.

Ambientada en Filipinas en los años noventa, la historia sigue a Jo y Raissa, mejores amigas desde niñas que, justo cuando Raissa se prepara para irse a estudiar a Estados Unidos, terminan varadas en Nakali, un mundo fantástico poblado por criaturas de la mitología filipina que habían querido conocer desde pequeñas. El truco cruel de Nakali es que el poder volver a casa podría costarles, literalmente, olvidarse la una a la otra. Es una manera muy inteligente de ponerle imágenes al miedo, tan real, de perder a tu mejor amiga cuando la vida las empieza a separar.

DreamWorks Animation vuelve a demostrar que sabe construir personajes profundamente específicos: Jo y Raissa no se sienten genéricas, se sienten genuinas de verdad. Con un entorno, un humor y una manera de quererse que se nota trabajada con cariño, se sienten reales y eso hace que podamos identificarnos con alguna de las dos. Ese cuidado se extiende al terreno visual, que retoma el estilo pictórico que Joel Crawford ya había explorado en El gato con botas: el último deseo, pero va más allá. Durante los flashbacks, la animación cambia a un estilo 2D inspirado en el anime (esto recordándome bastante a Kill Bill). Estas secuencias además fueron animadas por Snipple Animation, un estudio con sede en Manila. Que la película le dé crédito visible a las manos filipinas detrás de esas escenas, en lugar de tratarlas como mano de obra anónima, dice mucho de las intenciones reales detrás del proyecto.

Estreno de la película La isla olvidada

Ahora, mi única reserva, y es una que cada vez tengo más seguido con este tipo de cine familiar: se nota que está hecha para una generación acostumbrada al ritmo de las redes y el video corto. Todo el tiempo sucede algo, todo el tiempo hay una explosión de color, un personaje en movimiento constante, una música estruendosa de fondo. Es un festival de dopamina que, para cuando termina la hora con treinta y ocho minutos, te deja un poco agotado, casi con los efectos secundarios de tanta sobreestimulación.

Por eso se agradece tanto que la película sepa bajarle el ritmo justo cuando más importa. El cierre es genuinamente emotivo, y más todavía los créditos: ver al equipo detrás de la cinta compartir, uno por uno, lo que la amistad significa para ellos es un gesto pequeño pero precioso, la prueba de que esta es una película hecha con el corazón por delante y con toda la intención de dejarle algo al espectador.

No es una cinta que le pondría a niños muy pequeños, pero es hermosísima para niños más grandes y adolescentes, y un recordatorio muy necesario de que el cine infantil todavía puede decir algo bonito sin tener miedo de que se le note el corazón.

Estreno de la película La isla olvidada

Contenido original de Cine PREMIERE

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