12 películas mexicanas que hablan sobre migración
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Desde hace años, la migración se convirtió en un tema que domina la agenda de, prácticamente, todos los días. Evidentemente, las razones, los conflictos, e incluso el golpe de realidad para quienes se ven obligados a dejar su país no han pasado desapercibidos para los cineastas. Con historias llenas de esperanza, desarraigo y lucha, varias películas mexicanas nos invitan a reflexionar sobre la complejidad de la migración, y los impactos que tiene este fenómeno en la vida de millones de personas. A continuación, te presentamos las más destacadas.
NOTA: Las películas se presentan en orden cronológico de estreno.
La misma luna (Dir. Patricia Riggen, 2007)

Protagonizada por Eugenio Derbez, Kate del Castillo y Adrián Alonso, es la historia de un niño que busca reencontrarse con su madre, quien trabaja ilegalmente en Estados Unidos. Su enfoque está en las secuelas emocionales que enfrentan los familiares de quienes dejan su país en aras de un mejor futuro económico. Podrán decir lo que sea de Eugenio Derbez, pero su química con Adrián Alonso y lo conmovedor de su viaje ayudaron a que esta película fuera un éxito. De hecho, en su momento fue parte de las 10 películas mexicanas más taquilleras de la historia. Aun cuando los protagonistas enfrentan más de un desafío, hay un mensaje de resiliencia y esperanza. Quizá en la vida real no todo se resuelve de una forma tan emotiva, pero en el contexto de la trama funciona.
Sin nombre (Dir. Cary Joji Fukunaga, 2009)

Esta coproducción entre México y Estados Unidos refleja el destino de Casper y Sayra. Ella parte de Honduras con su padre y su tío para llegar a Estados Unidos, y él es miembro de la organización conocida como Mara Salvatrucha. Se trata de una historia poderosa donde no hay reparo al abordar los peligros de la migración, incluyendo los ataques, el crimen y las dificultades de viajar sin documentos. Hay un interesante manejo de la desesperación, la falta de oportunidades, e incluso la solidaridad entre los migrantes. Con una destacable fotografía e historia sorprendentemente íntima, Sin nombre nos lleva a momentos llenos de dolor y miedo.
Acorazado (Dir. Álvaro Curiel, 2010)

Con su viejo taxi convertido en balsa, un sindicalista veracruzano parte de su estado hacia Miami. Sin embargo, las coordenadas y el destino le fallan, pues termina en Cuba. En esta película, Silverio Palacios refleja la desesperación económica que lleva a las personas a migrar, los peligros que enfrentan en el camino y las dificultades para adaptarse a una nueva cultura. Acorazado mezcla comedia y momentos emotivos, lo que la hace entretenida sin restarle seriedad al tema de la migración. De hecho, ese mix de géneros le permite sobresalir entre opciones como las que posteriormente mencionaremos. Acompañada de un sentido del humor inteligente y un gran protagonista, esta película también le da un ligero manazo a quienes creen que todo puede cambiar de la noche a la mañana. Un golpe de realidad duro, pero necesario.
Aquí y allá (Dir. Antonio Méndez Esparza, 2012)

Ni siquiera los que tienen mayor éxito al perseguir el “sueño americano” se libran de algunas consecuencias, y esta película es un claro reflejo de ello. Luego de una larga ausencia, durante la cual trabajó en Estados Unidos, Pedro regresa a México para reencontrarse con sus hijas. Conforme pasan los días, este descubre que los años cambiaron a su familia, y también lo que él pensaba. Si algo hace atractivo a este título, es la exploración de las consecuencias en el núcleo familiar. Desde una mirada realista nos deja ver que los desafíos no se acaban al cruzar el Río Bravo, sino que se hacen presentes con cada decisión tomada. Méndez Esparza habla de familia, las segundas oportunidades e incluso la identidad, temas que pueden dar pie a interesantes conversaciones.
La vida precoz y breve de Sabina Rivas (Dir. Luis Mandoki, 2012)

Una niña hondureña que emigra a los Estados Unidos es atrapada en la frontera entre México y Guatemala por las redes de prostitución y tráfico de personas. Desde la sinopsis nos queda claro que Mandoki no pretende dulcificar la realidad de los migrantes. La historia de Sabina logra humanizar esta película, y nos lleva desde sus sueños hasta el momento en que debe tomar complejas decisiones para sobrevivir. Hay una conexión interesante con la protagonista, y por ello la crítica a la sociedad, e incluso la política, funciona correctamente. Abuso, corrupción, pandillas y todo tipo de víctimas hacen que La vida precoz y breve de Sabina Rivas sea un título no sólo imperdible, sino también vigente.
La jaula de oro (Dir. Diego Quemada-Díez, 2014)

Aclamada por la crítica y los espectadores, se centra en las experiencias de tres jóvenes migrantes que viajan desde Guatemala a los Estados Unidos en busca de una vida mejor. Sin necesidad de banalizar la situación o apostar por el morbo, Quemada-Díez logra transmitir la dura realidad de este fenómeno. Muestra los peligros del camino, la explotación, la discriminación y la violencia que enfrentan los migrantes. Además, de forma sutil y con algunos diálogos incisivos nos habla sobre desigualdad, pobreza y lo que motiva a una persona para dejar todo atrás. Hay momentos impactantes, pero también otros más conmovedores surgidos de las experiencias personales de cada migrante. Ganó 9 de los 14 Premios Ariel a los que competía, incluyendo Mejor película.
Guten Tag, Ramón (Dir. Jorge Ramírez Suárez, 2014)

Cuando Ramón parte a Alemania, lo hace con la clara intención de vivir con la tía de un amigo. Sin embargo, no la encuentra y debe vivir en las calles hasta que conoce a Ruth, una anciana de 80 años con quien inicia una amistad. Llena de momentos emotivos y una perspectiva más humana, esta película se convirtió en todo un éxito gracias al boca a boca del público. Nos presentó a un protagonista que se enfrenta a las barreras del idioma, la adaptación a una nueva cultura y la búsqueda de oportunidades. A pesar de los desafíos, la película transmite un mensaje de esperanza y optimismo. Ramón encuentra amistad y apoyo en quien menos se espera, lo cual da pie a una historia memorable. También se habla sobre la discriminación y los prejuicios a los migrantes, todo de manera sutil y sin caer en discursos moralistas.
Desierto (Dir. Jonás Cuarón, 2016)

Este thriller protagonizado por Gael García Bernal sigue a un grupo de migrantes mexicanos que cruzan la frontera hacia Estados Unidos. No obstante, el proceso se convierte en pesadilla por la persecución de un vigilente fronterizo y su perro. Aunque la elección de convertir las desventuras en un thriller puede ser polémica, la película es funcional y emocionante. No deja de lado la humanidad de los personajes, y aunque no nos dice tanto de ellos, somos testigos de sus sueños y desesperación. Si bien, hay un enfasis en los peligros físicos, también hay espacio para criticar la discriminación y el racismo, algo completamente identificable en la actualidad. A nivel técnico está muy bien ejecutada, por lo que te hará pesar un rato de verdadera tensión.
Ya no estoy aquí (Dir. Fernando Frías, 2019)

Esta elogiada película cuenta a Ulises, un joven que huye a Nueva York tras participar en un incidente violento. Ahí lo esperan la soledad, la discriminación y el desprendimiento de sus raíces, pero también un encuentro con la música. En contraste con otros títulos enfocados en os peligros del viaje o la búsqueda de oportunidades económicas, Ya no estoy aquí se enfoca en el desarraigo cultural y emocional que experimentan los migrantes. Atinadamente, su director refleja de forma respetuosa cómo la migración también se convierte en pérdida y dolor. Con gran fotografía y banda sonora, es una título que le habla a la pertenencia y lo que nos conforma como humanos.
Te llevo conmigo (Dir. Heidi Ewing, 2020)

Protagonizada por Armando Espitia, presenta la historia de Iván, un joven gay que huye de México a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro para él, su hijo y Gerardo, su novio. Inspirada en una historia real, nos muestra todo tipo de experiencias sufridas por los migrantes, desde decir adiós a quien uno ama hasta adaptarse en un lugar donde nada resulta familiar. Es, además, la historia de amor entre Iván y Gerardo, quienes se separaron durante un tiempo para que el primero emigrara. La directora trabajó en colaboración con el Iván de la vida real, por lo que su relato se siente aún más cercano y siempre humano. Una película reflexiva que va más allá de la migración y nos adentra en el amor como esa fuerza que da fuerzas en los peores momentos.
Sin señas particulares (Dir. Fernanda Valadez, 2020)

Desde que su hijo partió para cruzar la frontera con Estados Unidos, Magdalena no sabe de su hijo. Mientras las autoridades esperan que reconozca su deceso, ella intenda descubrir qué pasó en realidad. Con Mercedes Hernández como protagonista, la película no sólo habla de la migración; también denuncia la violencia y la impunidad que prevalecen en las zonas fronterizas, donde los migrantes son víctimas de destinos atroces. Es un título valiente que habla sobre desapariciones forzadas con respeto, y también pone en el centro a una mujer que, como muchas, desea saber qué pasó con su hijo. Más allá del tema, destaca la elegancia con que se aborda la travesía de Magdalena, y la desolación que azota a México desde hace años.
Mi casa está en otra parte (Dirs. Carlos Hagerman, Jorge Villalobos)

Este documental animado cuenta tres historias sobre migración. Jasmine teme que sus padres sean deportados; Evelyn y Elizabeth son dos hermanas que viven separadas por su diferente estatus migratorio, y José Eduardo es un artista deportado que utiliza sus creaciones para alzar la voz. Si algo sobresale en esta producción son las poderosas imágenes con las que se habla de los desafíos enfrentados por los migrantes. Hay comentarios hacia el aspecto político, pero también un enfoque hacia las emociones y los sentimientos de los protagonistas. No resulta difícil empatizar con ellos, y sus historias de inmediato se vuelven cercanas con el espectador. Gracias a que gira sobre tres historias, se hace una mirada profunda a diversos problemas que van desde el miedo hasta lo conmovedor. En 2023 ganó el Ariel a Mejor película de animación.

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