«El cine es eso, espontaneidad»: Joaquín Cosío habla sobre su trayectoria en el GIFF 2024
El Cochiloco, Mascarita, Don Neto, Agente Juárez, General Suárez… Joaquín Cosío puede presumir de haberle dado vida a numerosos personajes icónicos del cine y la televisión; y precisamente por esta trayectoria, el GIFF número 27 decidió rendirle homenaje al célebre intérprete.
Durante la edición 2024 del Festival internacional de Cine de Guanajuato, a Cosío se le hizo entrega de la Cruz de Plata Más cine y la Medalla de la Filmoteca de la UNAM. Además, se estrenó su próxima película, El precio de educarlos, que próximamente llegará a la plataforma Max. También se le invitó a dar una conferencia magistral en la que el actor compartió su conocimiento, sus experiencias y más de una divertida anécdota.
Cosío relató que ser actor nunca fue parte de sus planes. Él estudió Ciencias de la Comunicación y trabajó como maestro y locutor. Fue hasta que comenzó a hacer teatro que se dio cuenta de que le gustaba actuar.
“Descubrí algo, sentí una sensación donde dije ‘Vaya, yo quiero hacer esto’. Me resultó grato, divertido, emocionante”, Joaquín Cosío.

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Mientras participaba en la obra Felipe Ángeles de Luis de Tavira, una agente de casting lo invitó a audicionar para un comercial de cigarros. Y fue ahí donde le ofrecieron presentarse a las audiciones para el Mascarita de Matando cabos (2004).
“De niño era aficionado de la lucha libre”, Joaquín Cosío.
El originario de Tepic, Nayarit cuenta que nunca creyó que se quedaría con el personaje, puesto que Jesús Ochoa (El bienamado) también estaba en la contienda. Sin embargo, ya sabemos cómo resultaron las cosas; y el Mascarita le significó su primera nominación al Ariel.
A pesar de no contar con una formación formal en actuación, Cosío comparte que su energía y entusiasmo por ser actor lo fueron impulsando.
“Yo no me considero un actor muy sagaz […] pero he podido gracias a la intuición”, Joaquín Cosío.

¿Cine o teatro?
El teatro, que fue donde comenzó su labor actoral, sigue ocupando un lugar muy especial para el intérprete.
“El teatro es el arte humano por excelencia: es imperfecto porque el ser humano es imperfecto por excelencia”, declara Cosío, y también opina: “El teatro es el que te enseña a construir el personaje”.
Esto último porque, de acuerdo con Joaquín, el largo tiempo de ensayos que caracteriza al teatro te permite conocer tu personaje a profundidad y estudiarlo con un tiempo que no se tiene en cine y televisión. Sin embargo, de estos otros medios, el actor destaca la manera en la que te retan a actuar internamente. De acuerdo con Cosío, el cine y la televisión requieren que el intérprete comunique emociones con solo la mirada.
“El cine te da la capacidad de pensar […] y ser natural”, Joaquín Cosío.
Destaca Pastorela (2011) y La sangre iluminada (2008) como dos de los trabajos que más recuerda. En la primera, dió vida a Chucho, un agente que cada año interpreta al diablo en la pastorela organizada por su parroquia; sin embargo, cuando un nuevo padre llega a la iglesia, su papel es asignado a alguien más y Chucho hará de todo por recuperarlo. En La sangre iluminada seguimos a un grupo de personas con la capacidad de intercambiar cuerpos, y aquí Cosío interpreta a Isaías.
Y como consejo para todos aquellos que quieran dedicarse al oficio de la actuación, el homenajeado recomendó que sigan permitiéndose quedar sorprendidos, pues es la manera más efectiva de evitar mecanizar la interpretación.
“El texto lo tienes que olvidar por completo», afirma Cosío. «Tienes que reaccionar a la realidad inmediata que tienes en frente […] para que se vea dicho por primera vez». Y añade: «El cine es eso, espontaneidad”.
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