¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret – Crítica de la película

¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret – Crítica de la película

Empapada de todos los tropos del coming of age, la película ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret es un caso curioso. Por un lado, podría casi parecer el repaso a una infinidad de títulos de cine juvenil que le precedieron. Todavía más si consideramos que su lanzamiento en México fue posterior —por cuestión de días— al de la cinta de Netflix ¡No estás invitada a mi bat mitzvah! (2023), con la que comparte no sólo el género, sino también la temática religiosa. Sin embargo, estrictamente hablando, la historia de Margaret no es en realidad la más joven de las narrativas sobre madurar o llegar a la pubertad. A fin de cuentas, el libro original tiene más de 50 años de existencia.

Basada en la homónima novela de la autora estadounidense Judy Blum, publicada en 1970, ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret narra cómo una niña de casi 12 años enfrenta no pocas alteraciones drásticas en su vida. Después de volver de un maravilloso campamento veraniego, sus padres le informan que deben abandonar Nueva York y mudarse a los suburbios de Nueva Jersey. Y si perder a sus amigos de la gran ciudad o separarse de su queridísima abuela neoyorquina no fuera suficiente angustia, Margaret empieza también a prestar atención a los chicos y a los cambios corporales que se le avecinan. Surge en ella la repentina urgencia por crecer.

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Por otro lado, con tantas sacudidas, la protagonista opta por hablarle a Dios —o más bien, la idea vaga que tiene de una deidad omnipresente— en busca de alguien con quien compartir sus anhelos y preocupaciones. Hija única de madre cristiana y padre judío, sus progenitores decidieron no inculcarle ninguna creencia, al punto de ni siquiera celebrar Navidad o Jánuca. En consecuencia, lo que Margaret alberga es una noción muy personal y cero sesgada en torno a “Dios”. No obstante, todo se complejiza cuando en la escuela le piden escribir sobre su vínculo con la religión; una oportunidad para entender mejor a su familia y, por qué no, su lugar en el mundo.

Entonces, coexisten en la película dos hilos argumentales, donde el segundo —el viaje “espiritual” de Margaret y el acercamiento a sus raíces— termina siendo el más ocasional y precipitado en su resolución. Pero aun así, presume el mérito de mostrarnos un aspecto importante del crecer, al margen de lo hormonal y de la aceptación social, que es la evolución en el modo de conectar y entendernos con aquellos que nos criaron, a partir de preguntas incómodas e inesperadas revelaciones.

De cualidad desinhibida, ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret habla abiertamente de brasieres, menstruación y toallas sanitarias, con humor y sin tapujos. Aunque carece de la irreverencia e ingenuidad exagerada de Chicos buenos (2019), coincide en mantener un grado valioso de comedia y ternura en la manera de abordar la primera aproximación de púberes a una etapa de vida tan desconcertante e incómoda.

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En el protagónico, brilla la joven histrión Abby Ryder Fortson, quien años atrás encarnó a la pequeña Cassie Lang en las primeras dos películas de la saga Ant-Man. Su interpretación de Margaret incluso podría hacer eco de lo hecho por Elsie Fisher en La vida de Kayla (2018). No por un rasgo en particular, sino por la sensibilidad tan auténtica con que ambas —al estar tan cerca de la edad de sus respectivos personajes— manifiestan lo difícil y bochornoso de decir adiós a la infancia, a través de gestos y lenguaje corporal.

Las nuevas amigas de Margaret asimismo gozan de oportunidades para ganarse el cariño del público. En definitiva, no al nivel del maravilloso cuarteto de la cinta animada Red (2022), pero igualmente conforman una agrupación entrañable, aunque con riesgo a volverse el equivalente de las Plásticas en plena década de los 70. Sobre todo, por el liderazgo de Nancy, un muy inocente prototipo de Regina George cuyo arco en la película merecía mucha más atención.

Quien ya hace tiempo superó Chicas pesadas (2004) es Rachel McAdams. Ella encarna a Barbara, la luminosa madre de Margaret que a raíz de la mudanza, renuncia a dar clases de arte y devine una ama de casa de tiempo completo, dotada de una encantadora química con su esposo Herb —un amoroso y paternal Benny Safdie— y de suficiente expresividad y carisma para reafirmar que con la comedia, sea dramática, romántica, juvenil o cualquier otro subgénero, McAdams se instala cómodamente en su elemento. Mientras que en el papel de la abuela Sylvia, una mujer judía de Nueva York dramática y ligeramente entrometida, la ganadora del Óscar Kathy Bates resulta una presencia que, como siempre, se agradece y se disfruta. 

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En manos de la directora y guionista Kelly Fremon Craig (Mi vida a los diecisiete), la película ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret consigue postularse como la mejor dosis de coming of age de 2023, siendo este tipo de narrativas algo que año con año se requiere para apapacharnos el corazón. Qué tanto nos veamos reflejados, evidentemente variará según el personaje, el lugar y la época, pero el mero principio de crecer y dar el salto a lo desconocido es algo que nos atañe a todas y a todos. No sólo en la adolescencia, sino en cualquier momento de nuestro andar por el mundo.

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.
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