FICG 2024: Tratado de invisibilidad, un documental para voltear a ver a quienes, con escoba y trapeador, sostienen la CDMX

FICG 2024: Tratado de invisibilidad, un documental para voltear a ver a quienes, con escoba y trapeador, sostienen la CDMX

El cine tiene la capacidad de llevarnos a mundos fantásticos que jamás hubiéramos imaginado, pero también permite guiar nuestra mirada hacia rostros o situaciones muy reales de los que antes no nos habíamos percatado –o no nos habíamos molestado en hacerlo–, a pesar de tenerlos diariamente en nuestras narices. Así sucede con las y los trabajadores de limpieza en la CDMX, sobre quienes caen los reflectores en el documental Tratado de invisibilidad de la directora Luciana Kaplan (La vocera).

Esta película, estrenada y galardonada en la 39° edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), sigue principalmente a mujeres que se dedican al aseo de espacios públicos, en jornadas extenuantes y muy mal pagadas. Víctimas de la subcontratación, aquellas “empleadas del gobierno” –que no lo son realmente– sufren la falta de prestaciones, salarios justos y condiciones laborales dignas. Las empresas para las que trabajan son un enigma; entidades escurridizas que eluden toda responsabilidad y en ocasiones se desaparecen sin pagar lo que deben. «Eso del outsourcing es lo que debería recibir una restregada tremenda», le comentamos a Kaplan durante una entrevista exclusiva que concedió a Cine PREMIERE, en el marco del FICG 2024.

“Sí, exacto, porque realmente son trabajadoras del gobierno, de espacios públicos, no de empresas privadas», precisó la cineasta. «Entonces el gobierno debería hacerse responsable de sus trabajadores, [asegurarse de] que tengan un trato justo, contratos, vacaciones, sueldos dignos… Cosas que no tienen. El nivel de abuso es altísimo».

tratado de invisibilidad

El interés de Kaplan en el tema de la subcontratación surgió años atrás, al platicar con una compañera del Centro de Capacitación Cinematográfica. Tal colega le explicaba que las encargadas de limpieza de esta escuela de cine –ubicada en CDMX– laboraban a partir del outsourcing. Entonces, la institución no intervenía si acaso no les pagaban, pues estrictamente hablando, no eran sus empleadas. Más tarde, la documentalista descubrió, según declaró en conferencia de prensa, que “toda la ciudad estaba privatizada en cuanto al ramo de limpieza” y quería urgentemente hablar de eso, como también de la invisibilidad que padecen quienes trabajan en este sector.

«Yo ni siquiera había volteado a ver a estas mujeres hasta que me contaron de ellas. [De ahí vino] esta idea de la invisibilidad, de no voltear a ver al otro, de realmente no reconocer [la importancia de] esta gente que sostiene las ciudades, como si los espacios se limpiaran solos», agregó. «Entonces no es sólo la precariedad laboral y la subcontratación, sino también el cómo nosotros invisibilizamos al otro».

Entrar a una realidad distinta

En 2019, Luciana Kaplan comenzó a investigar la situación de barrenderas, basureras y empleadas de limpieza en la capital, con vistas a hacer un documental sobre el outsourcing. Realizó alrededor de 50 entrevistas a lo largo de tres años, en muchas ocasiones por debajo del agua, pues había empleadores o supervisores que no permitían a nadie acercarse y conversar con las trabajadoras. Si eso pasaba, había el riesgo de que las regañaran o las despidieran.

«Es un trato realmente policíaco», nos dice la cineasta. «Entonces lo que hacía era que me ponía a platicar con ellas sin que me vieran y les pedía sus números de celular. Eso fue lo que hice por mucho tiempo: iba al metro, iba al aeropuerto, con algunas personas que me ayudaban, y un poco les contaba [a las trabajadoras] lo que quería hacer. Les decía: ‘¿Estás interesada? ¿Me puedes dar tu teléfono?’ Y ya después, teniendo toda una lista de contactos, me comunicaba con ellas».

Al inicio, Kaplan formulaba sus preguntas de manera escrita y sus entrevistadas las respondían por medio de mensajes de voz. Luego, todo ese material sonoro se transcribía y la directora lo leía con detenimiento, en busca de las historias que más valiera la pena explorar, a partir de lo que el propio documental exigía. Varias de estas personas eventualmente aceptaron ponerse frente a las cámaras, incluso durante su jornada laboral. Y para la realizadora, filmarlas en su día a día fue “como entrar en una realidad distinta”, habitada por gente que usualmente no vemos; un mundo de lo invisible que Kaplan sintió apropiado retratar por medio del blanco y negro.

«Fue una manera de homogeneizar los espacios, que aunque son distintos, todas [estas trabajadoras] viven una misma realidad. Son espacios muy diferentes, de repente [de colores] muy chillones, y no quería que eso distrajera», comentó la cineasta. «Quería que realmente entráramos en esta atmósfera de lo invisible y en esta idea del ‘sin tiempo’, en el sentido que esto [el problema de la subcontratación] lleva muchas décadas ocurriendo, por lo menos desde que Vicente Fox abriera la puerta al outsourcing. Y yo creo que el blanco y negro ayudaba a dar esta idea [de que el tiempo se ha detenido]».

tratado de invisibilidad

En Tratado de invisibilidad, son varias las mujeres las que comparten su testimonio, pero sólo tres de ellas gozan de un rol protagónico. Una es Rosalba, de 70 años, barrendera de la CDMX que se sincera sobre la precariedad laboral, los insultos y el riesgo a ser violentadas que ella y sus compañeras enfrentan todos los días. Siguiendo a este personaje, fue que Kaplan decidió incluir en su película un montaje de puras fotografías. Ella pretendía que hubiera más secuencias por el estilo, pero al final optó por únicamente utilizar la imagen fija –granulada y fuertemente contrastada– para retratar a Rosalba, en pleno turno nocturno.

“A veces el vídeo pasa muy rápido y me interesaba poner atención en otras cosas que no se ven de las mujeres”, nos compartió la cineasta. “Me gustó que fuera un momento de noche, como para conocer más a este personaje […] y que Rosalba tuviera este espacio más como de reflexión”.

La limpieza: ¿Una expresión de amor?

Mostrar su rostro a cuadro era algo que algunas entrevistadas podían permitirse, pero ciertamente no todas. La treintañera Claudia, otra de las estelares de Tratado de invisibilidad, tuvo que mantenerse fuera de la vista, ya que ella trabajaba en un lugar que –desde la perspectiva de Luciana Kaplan– se cometen “en muchos sentidos” los peores abusos y maltratos hacia el personal de limpieza… Y ese lugar es el metro de la CDMX.

“Me daba mucho miedo que la corrieran, porque de por sí, [Claudia] ya traía un historial bastante tremendo. Había tenido muchos problemas. Entonces dije: ‘Bueno, vamos a usar a actrices’. No por un capricho de lenguaje, sino para que representaran lo que ella estaba diciendo”, explicó la también directora de Rush Hour a Cine PREMIERE.

Además de memorizar los testimonios de Claudia, estas actrices interpretaron para la película el trabajo diario que ella realizaba, trapeando pisos y desmanchando paredes. Para conseguir los permisos de filmación, Kaplan jamás reveló que estaba haciendo un documental. Más bien tomó un guion de ficción que ya tenía escrito, incluyó escenas de mujeres que limpiaban en el metro y lo entregó como parte de su solicitud.

“Es la única forma de darle la vuelta al sistema, porque ahorita en el metro están muy complicados con eso […] Y como no eran trabajadoras reales [sino actrices] nos dejaron hacerlo”, aseveró. “Parecería algo un poco divertido, si no hubiera ese trasfondo tan terrible de que realmente estas mujeres no pueden hablar y están amenazadísimas”.

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Con Aurora, la tercera protagonista, fue necesario “jugar un poco con los espacios”, confesó Kaplan. Aunque esta empleada de limpieza de 58 años había accedido a ser filmada, resultaba imposible hacerlo en su lugar de trabajo, que era el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Por ende, ella y la directora se trasladaron a los baños de la Cineteca Nacional para representar ahí su cotidianidad laboral, con todo y su uniforme del aeropuerto.

En ese uniforme, estaba bordada la frase: “La limpieza no es una disciplina. Es una expresión de amor y respeto por todas las vidas que nos rodean”, y la documentalista no pasó por alto semejante ironía. ¿Cómo podía leerse un mensaje tan amoroso en la indumentaria de una trabajadora subcontratada cuyos empleadores se habían desaparecido quedando a deber salarios y finiquitos?

“Realmente hay un abuso enorme [hacia los trabajadores de limpieza] en el aeropuerto, en las calles, en todos lados. Y todavía les ponen este letrero de: ‘No, no es realmente algo abusivo, es casi un arte’. Entonces me pareció que, además de todo, estaban tapando [tales injusticias] con una frase rimbombante y que no tiene nada que ver [con la realidad]», opinó Kaplan. «Es un trabajo muy duro, mal pagado, en el cual no hay prestaciones y se les condiciona el sueldo por cada pequeña cosa. Hay un maltrato generalizado y todavía tienen el cinismo de poner ese letrero».

Tratado de invisibilidad obtuvo el Premio FIPRESCI y el Premio Mezcal del Jurado Joven en el FICG 2024. De momento no ostenta una fecha de estreno comercial.

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.

Contenido original de Cine PREMIERE

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