FICM 2025: Olmo, el agridulce regreso de Fernando Eimbcke
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Después de 12 años del estreno de Club Sándwich, Fernando Eimbcke regresa a la silla de dirección con Olmo. La cinta, que se mantiene fiel a las temáticas de adolescencia que le dieron fama al realizador, cuenta la historia de un chico de 14 años (Aivan Uttapa) que se quiere comer el mundo, pero tiene que lidiar con las vicisitudes que surgen en su cotidianidad al cuidar a Néstor (Gustavo Sánchez Parra), su padre, quien tiene esclerosis múltiple.
Atender a alguien que te necesita puede ser un proceso luminoso, aunque también desolador, sobre todo cuando la vida nos tiene muchas cosas preparadas. Lograr este balance no es sencillo.
En el marco del FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia) 2025, charlamos de Olmo en entrevista con su director, quien nos platicó varios detalles sobre este relato de imperfecciones y nuevas experiencias.

¿Por qué surgió la idea de mezclar estas temáticas coming of age con la reivindicación de los cuidados hacia las personas con diversidad funcional?
Fue una historia que nació con Vanesa Garnica, la guionista. Compartimos muchas experiencias y nos interesaba mucho contar esta historia de la gente que cuida, lo difícil que es a veces, que tienen que cuidar a alguien y tienen también cosas en su vida. Es difícil, pero es el acto más humano y amoroso: el cuidar a alguien que amas.
La película retoma la estética de la época en la que está ambientada (1979), y también está el estilo que has manejado desde Temporada de patos, pero, además, es un poco como de (el estudio) Amblin, en estas películas más setenteras, ochenteras. ¿Cómo hiciste para encontrar ese look para la película?
El look de cámara, lo que se ve, los colores, fue Carolina Costa, la fotógrafa. A mí me cuesta mucho trabajo el color, por eso me gustan mucho el blanco y negro y los colores monocromáticos. Confié en Carolina. Yo veía las imágenes muy luminosas, muy brillantes, muy saturadas de color y le decía a Caro que me preocupaba, pero ella me dijo que confiara. Al llegar a la corrección de color dije: “Wow, está espectacular”.
Más que responder a una verosimilitud, la fotografía responde a un estado anímico. Carolina fue muy valiente y acertada en eso. Crecí con las películas de John Hughes, como Breakfast Club y Ferris Bueller’s Day Off (que se llama Un experto en diversiones en México). Compartí mucho esto con Vanessa; fue el cine con el que crecí. Por eso me siento muy identificado con ese cine, con la comedia adolescente, con el coming of age. Mi primera película, Temporada de Patos, es casi, casi como un remake de Breakfast Club, y esta también tenía mucho de Ferris Bueller’s Day Off. Viene mucha influencia del cine de los ochenta.

¿Cómo fue trabajar con Gustavo? Creo que retrata y canaliza muy bien el estado de ánimo y la forma de ser de alguien que vive con esta condición de esclerosis. ¿Cómo dialogaron para que él se pusiera en ese estado mental al contar esto?
Teníamos muy claro que queríamos hacer una investigación muy profunda. Sentíamos, con Vanesa, una obligación muy profunda con saber todo sobre la esclerosis múltiple. Investigamos todo sobre cómo fue sucediendo, cómo se fue dando. Yo viví muy cerca de una persona con esclerosis múltiple, entonces lo conozco en términos de la experiencia y de qué hacía esa situación en su cuerpo.
Tuvimos asesores del Instituto de Investigaciones del UNAM, gente especializada en esclerosis múltiple. También tuvimos asesoría de la Multiple Sclerosis American Association. Sentíamos una enorme responsabilidad de saber todo de eso. Gustavo también se subió en eso, es un actor con una tremenda responsabilidad al momento de darle vida a cualquier papel.
¿Por qué abordar estas vivencias como un subibaja de tonalidades? La película no es sólo un drama, también es una comedia. De pronto estamos abajo y luego arriba, de una forma tan luminosa y oscura.
Yo creo que porque así es la vida. Es luminosa y oscura, y un momento estás arriba, pero caes. Por eso me cuestiono mucho [lo que tiene que ver con] los géneros. Si la queremos encasillar, es un melodrama, que me encanta, pero también tiene un tono o un tinte fársico. Siempre he amado mucho el cine de Chaplin. Él hacía eso: melodramas con tono fársico. Si ves The Kid, es un melodrama, pero siempre hay humor.
Creo que el humor es lo que nos permite conectar con los personajes, con el espectador, ni arriba ni abajo. El humor te permite estar al mismo nivel, no ver a los personajes de manera condescendiente. Es muy bonito poder compartir estas subidas y bajadas, darle al espectador la posibilidad de reír y también, ojalá, si puede, llorar. Creo que nunca en la historia se manipula al espectador. Es subir, bajar, subir, bajar, y confiamos siempre en el fluir de la historia.
Olmo forma parte de la sección/competencia oficial de Largometraje Mexicano en el FICM 2025.

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