Napoleón: ¿Qué es realidad y qué es ficción en la película de Ridley Scott?
La polémica comenzó desde el lanzamiento del primer trailer de Napoleón. Vaya manera del director Ridley Scott de desviarse garrafalmente de lo que establecen los libros de historia al insinuar que Napoleón Bonaparte atestiguó la ejecución de la reina María Antonieta o que disparó con sus cañones a las pirámides de Guiza. Estas dos falacias fueron sólo algunas de las destacadas por el afamado historiador británico Dan Snow, quien mediante un video de TikTok de mediados de 2023, optó por analizar y evaluar la veracidad de las imágenes mostradas en el avance promocional. ¿Y eventualmente cuál fue la respuesta de Scott a aquellos señalamientos en contra de su épico drama histórico? “Consíguete una vida”.

Tal respuesta sin pelos en la lengua fue publicada por The New Yorker en un extenso perfil acerca del octogenario cineasta. Ahí mismo, se hace hincapié en que para la realización de Napoleón, estrenada en cines en noviembre de 2023, Scott no leyó más de dos o tres biografías de la figura histórica titular, y que su interés en este personaje nació más bien de un libro escrito no por un historiador, sino por un toxicólogo aficionado, responsable de la controversial teoría de que Napoleón había muerto envenenado con arsénico.
En consecuencia, poco sorprende que la cinta estelarizada por Joaquin Phoenix no equivalga a una clase de historia —nunca se pretendió que lo fuera— y que el director prefiera soltar una serie de debatibles puntadas en torno al general corso vuelto emperador a principios del siglo XIX. Su alegato es que hoy en día no hay nadie que pueda jurar haber visto de primera mano qué ocurrió y qué no en el contexto de la Francia posrevolucionaria y las Guerras Napoleónicas.
“Napoleón muere y alguien escribe un libro diez años después. Luego alguien toma ese libro y escribe otro, y así sucesivamente, hasta que 400 años después hay mucha imaginación. Cada que hay conflicto con los historiadores, yo les pregunto: ‘Discúlpame, amigo, ¿estuviste ahí? ¿No? Entonces cierra el pico’”, declaró Scott en entrevista con The Times.
Las risas no faltaron
Por más de dos siglos, la imagen de Napoleón Bonaparte se ha balanceado entre la de un tirano genocida y la del extraordinario líder que construyó la Francia moderna. Ahora bien, independientemente de la postura de Ridley Scott respecto a quién fue Napoleón en la vida real, uno de los principales cometidos de su película era evitar hacerle un retrato solemne y aburrido. Había algo más juguetón en su propuesta, y Michael Broers, académico de la Universidad de Oxford, experto en Napoleón y consultor contratado para la biopic, fue testigo directo de esa ligereza.
“Le dije a Ridley Scott: ‘¿En serio? ¿Disparar a la cima de las pirámides?’ Y él me contestó: ‘Bueno, pero te reíste, ¿no?’ Aprendí entonces que no estábamos haciendo un documental, sino una película”, compartió el erudito con Time Out.

Scott ha dicho que la adición de aquella escena ficticia implicaba “una manera rápida de decir que Napoleón tomó Egipto”. Pero de cualquier modo, nadie discute que los cañones del astuto militar jamás atentaron contra las pirámides de Guiza durante la invasión de Egipto en 1798. Por otro lado, uno de los aspectos de la película a los que Broers sí confiere validez histórica es la interpretación de Joaquin Phoenix, que a su parecer, captura el carácter multifacético y “no demasiado complicado” del estratega.
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Además de convencer a Ridley Scott de hacerle algunas reescrituras al guion escrito originalmente por David Scarpa (Todo el dinero del mundo), Phoenix destinó alrededor de diez días a hablar horas y horas con el director acerca de su papel. Fue así que el actor ganador del Óscar no sólo acabó de entender las motivaciones del personaje, sino que también entró de lleno al aspecto lúdico de Napoleón, a veces hilarante, a veces violento, pero que en definitiva trascendía los límites de lo que los círculos académicos aceptan como verídico.
“Si quieres entender realmente a Napoleón, probablemente deberías estudiar y leer por tu cuenta, pues si ves esta película, [obtienes más bien] esta experiencia contada a través de los ojos de Ridley”, expresó Phoenix en entrevista con Empire.
El histrión de Joker improvisó, por ejemplo, el momento en que Napoleón le propina una bofetada a su esposa Josefina Bonaparte (previo a un acuerdo con la actriz Vanessa Kirby) en plena firma de papeles de divorcio. También fue espontánea la situación en que el emperador lujurioso se arrastra hacia su mujer por debajo de la mesa del comedor. En general, toda alusión a la vida sexual de la pareja contó con un sinnúmero de licencias creativas, aunque según dijo Scott a El País, no eran escenas que traicionaran lo escrito en las cartas íntimas que Napoleón verdaderamente envió a Josefina durante sus campañas militares, algunas de las cuales resultaban “muy explícitas en cuanto al sexo”.
De tales misivas, algunas efectivamente fueron interceptadas por fuerzas británicas, tal y como se expone en Napoleón. Entre ellas, había cartas en las que el dirigente francés mencionaba las infidelidades de Josefina y los periódicos de la nación anglosajona hicieron público su contenido, por medio de caricaturas y comentarios burlones. “Fue mucho peor de lo que se describe en la película”, aseguró Broers a Time Out.

Los rastros de la guerra
Director meticuloso cuando se trata de montar combates de dimensiones épicas, quizás fue en este ámbito de Napoleón que Ridley Scott se propuso ser más estricto y menos presto a la improvisación. Para ello, el cineasta también responsable de Gladiador y Cruzada gozó de la asesoría de Paul Biddiss, un ex paracaidista militar británico quien habiendo estudiado viejos manuales bélicos, enseñó a los extras desde cómo recargar un mosquete hasta cómo formar cuadros de infantería de la era napoleónica. Sin embargo, al margen de esta rigurosa preparación en el arte de la guerra, algunos expertos también han percibido inexactitudes históricas en los campos de batalla que la película reconstruye.
A pesar de su involucramiento en la producción, el historiador Michael Broers no concede ninguna veracidad a que el caballo de Napoleón (según la película) fuera golpeado fatalmente por una bala de cañón en el sitio de Tolón; mucho menos que el militar decidiera conservar el proyectil.
De hecho, la participación de Napoleón en aquel enfrentamiento —el cual abarcó alrededor de cuatro meses— hacía imposible que atestiguara la ejecución de María Antonieta en octubre de 1793, pues en aquel entonces se hallaba varios cientos de kilómetros al sur de París. No obstante, Broers afirma que aquélla fue una maniobra del director para fusionar cinematográficamente la muerte de la monarca con otro pasaje de la historia que presuntamente sí sucedió: la impresión que dejó en Napoleón el observar al pueblo iracundo mientras María Antonieta y Luis XVI eran trasladados a prisión.
Por otro lado, el historiador Jean Tulard declaró en el marco del estreno parisino de Napoleón que el legendario estadista nacido en Córcega nunca desenvainó su sable en la definitiva batalla de Waterloo, pero “ese es el lado Gladiator [de Napoleón] y se le perdona a Ridley Scott”.
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Por su parte, el historiador Zack White comentó a BBC que Napoleón no venció en la batalla de Austerlitz acorralando a los soldados rusos y austriacos en un lago congelado y bombardeándolo, pues a diferencia de lo que muestra la cinta de Ridley Scott, en realidad no había ningún gran lago en el escenario de ese combate, sino pequeños estanques en donde los franceses ultimadamente sólo hallaron dos cadáveres rivales.

En otro orden de ideas, White confirmó que Napoleón se coronó a sí mismo al momento de convertirse en emperador de Francia; un acontecimiento al que la película de Apple TV Plus hace referencia con lujo de detalle. La escena en cuestión es una reconstrucción fílmica de la reconocidísima pintura al óleo “Le Sacre de Napoléon”, elaborada por el artista neoclásico Jacques-Louis David entre 1805 y 1807.
“Napoleón sabía cómo llamar la atención, y coronarse a sí mismo fue la máxima expresión de eso porque el Papa estaba presente”, aclaró el mismo historiador a BBC. “Es casi como golpear al Papa en la cara y decirle: ‘No eres la persona más significativa en este salón. Mi autoridad es mayor porque yo represento al pueblo francés’”.
A finales de noviembre de 2023, posterior a una función de preestreno de Napoleón en París, fue el pueblo francés el que ciertamente no reaccionó con el mismo fervor con que sus antepasados alabaron al magno líder de la Francia posrevolucionaria. De acuerdo a una crónica de El País, no hubo ni aplausos ni abucheos una vez concluida la proyección que se llevó a cabo en el cine L’Arlequin. Pero sí varias opiniones negativas, sobre todo de especialistas en el tema, que en conjunto describían la película como una caricatura hecha sin matiz ni inteligencia; un filme que para algunos podría resultar antifrancés o muy vacío, con una perspectiva sumamente anglosajona y una postura un tanto hostil hacia el personaje titular.
¿Hay algo bueno que pueda obtenerse de las acaloradas discusiones propiciadas por la irreverente biopic de Ridley Scott, con sus aciertos y desaciertos? La historiadora Estelle Paranque cree que sí y éstas fueron sus palabras para Northeastern Global News:
“Incluso cuando pensamos que [directores como Scott] están haciendo un flaco favor a la historia, tenemos que pensarlo dos veces, ya que al criticarles, al criticar lo que han hecho, uno siempre acaba hablando de la verdadera historia. Y eso está muy bien para los historiadores”.

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