Películas con las producciones más desastrosas
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Hay películas que pasan a la historia por sus contribuciones a la industria, una historia revolucionaria, o incluso por el gran trabajo en apartados técnicos. Pero también hay producciones que se convierten en ejemplos de todo lo que no debe pasar a la hora de hacer cine. En los sets de filmación hay muchas cosas que pueden derivar en el caos, y quienes trabajaron en los siguientes rodajes lo saben perfectamente bien. Entre enfermedades, gritos, tragedias y carreras arruinadas, estas son las películas con las producciones más desastrosas en la industria.
NOTA: Las películas se presentan en orden cronológico de estreno.
El mago de Oz (Dir. Victor Fleming, 1939)

Aun cuando es una de las películas más queridas y recordadas de la historia del cine, ese camino amarillo hacia la pantalla estuvo lleno de desafíos y contratiempos. La película tuvo que lidiar con un gran número de guionistas que intentaban adaptar la novela original, pero todos con una visión diferente. Esto generó muchas tensiones creativas y cambios constantes en el guion, pues cada quien buscaba hacer justicia a elementos diferentes. Al ser la primera película en usar el Technicolor, hubo un completo caos: no muchos sabían cómo usar esta técnica, y varias secuencias se echaron a perder en la experimentación.
Los riesgos a la salud no se hicieron esperar, y es que se utilizaron varias sustancias peligrosas para crear los efectos especiales que hoy en día nos maravillan. La nieve se creó a base de asbesto, un material altamente cancerígeno al que muchos estuvieron expuestos.
Debido al arduo trabajo y las largas jornadas, también se suscitaron varios conflictos entre los actores y el director. Judy Garland, quien interpretaba a Dorothy, sufrió de agotamiento físico y emocional debido a las largas jornadas de trabajo y a la presión de la producción. Peor aún: según la autobiografía de su tercer esposo, Garland fue acosada sexualmente por los actores que interpretaban a los Munchkins en una escena. Incluso uno de los directores abandonó la cinta por no estar conforme con absolutamente nada. Irónicamente, de todo esto salió una película legendaria, y nadie se explica cómo salió bien.
Cleopatra (Dir. Joseph L. Mankiewicz, 1963)

Hoy muchos cinéfilos aclaman este título protagonizado por Elizabeth Taylor, considerada una de las mujeres más bellas en la industria. Pero llegar al estreno de la cinta fue una de las odiseas más grandes que se haya registrado a la hora de hacer cine. Desde el principio, el presupuesto se disparó constantemente. Inicialmente estimado en $2 millones de dólares (MDD), finalmente alcanzó los $31 MDD, convirtiéndola en la película más cara de su época. A esa suma se anexaron $13 MDD en costos de impresión, distribución y publicidad.
La filmación comenzó septiembre de 1960, pero los problemas de salud de su protagonista hicieron que el rodaje se retrasara un tiempo. Al momento de que el trabajo se detuvo, apenas 10 minutos de lo filmado se podían usar. Hubo cambios de director, e incluso de lugar para filmar, por lo que la organización se volvió un caos. Por si algo faltara, se acusó a Taylor y Richard Burton, su coprotagonista, de mantener una relación extramarital. Su fracaso comercial casi llevó a la quiebra a 20th Century Fox.
Tiburón (Dir. Steven Spielberg, 1975)

La película que le dio un significado al término blockbuster tampoco se salva de la polémica. Si bien, hoy Steven Spielberg conoce todos los trucos habidos y por haber, vaya que sufrió para crear esta producción. Uno de los mayores desafíos fue utilizar tres tiburones mecánicos para dar vida a “Bruce”, el escualo de la cinta. Los props no funcionaban correctamente, se descomponían constantemente y a menudo no cumplían con las expectativas.
En la producción se podía tener un calendario, pero si no se podía crear a Bruce, se retrasaba todo. Por otro lado, la película se rodó en Martha’s Vineyard, Massachusetts, y las condiciones climáticas, como fuertes corrientes y niebla, dificultaron las grabaciones en el mar. Spielberg ha mencionado en más de una ocasión que, si tuviera que repetir la experiencia, lo haría con gusto. A 50 años de distancia, considera que sólo las aguas le dieron todo lo necesario.
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Apocalipsis ahora (Dir. Francis Ford Coppola, 1979)

El rodaje de esta cinta fue una odisea llena de contratiempos y desafíos que marcaron un antes y un después en la historia del cine. Francis Ford Coppola, el director, se sumergió en un proyecto que literalmente lo consumió, tanto a nivel creativo como personal. Incluso se produjo un documental (Hearts of Darkness: A Filmmakers’s Apocalypse) para narrar todo lo ocurrido.
La producción recurrió a una filmación en Filipinas para recrear su ambiéntación (Vietnam) lo mejor posible, pero las inclemencias del clima terminaron con los sets. Lógicamente, el presupuesto se disparó. Por otro lado, la llegada de Marlon Brando al set fue todo menos tranquila. El actor se presentó con un peso considerablemente mayor al acordado, sin haber leído el guion y con ideas propias sobre su personaje. Esto generó tensiones y retrasos significativos en la producción.
Durante el rodaje de una de las escenas más intensas, Martin Sheen sufrió un infarto. Esto obligó a detener la producción por un tiempo y generó una gran incertidumbre sobre el futuro de la película. Además de todo ello hubo otros incidentes extraños, como la fuga de tigres que habían sido traídos para la película. Estos sucesos, por más absurdos que parezcan, contribuyeron a crear una atmósfera de total caos. La presión de la producción, los problemas económicos y los conflictos con el estudio llevaron a Coppola al borde del colapso.
El resplandor (Dir. Stanley Kubrick, 1980)

La aclamada cinta de Stanley Kubrick es considerada por muchos como una de las más aterradoras. Irónicamente, eso también incluye a quienes participaron en ella. Básicamente, entrar a un día de rodaje era como estar en un campo minado. El hotel en el que se rodó la película se encontraba en una zona muy remota, lo que aisló al equipo y generó sentimientos de claustrofobia y tensión. Esto, sumado a la atmósfera oscura y opresiva que se buscaba crear para la película, contribuyó a un ambiente de trabajo bastante pesado.
Kubrick, aunque aclamado por la crítica, era era conocido por ser perfeccionista y exigir mucho de su equipo. Esto, combinado con las difíciles condiciones de rodaje, llevó a frecuentes discusiones y tensiones entre el director y el elenco. La fallecida Shelley Duvall manifestó ser una de las víctimas más grandes por la cinta, todo por filmar la misma secuencia en decenas de ocasiones. El estrés hizo estragos en la salud de Duvall, quien no sólo se enfermó y perdió el cabello durante el rodaje. Años después, la actriz refirió que su salud mental nunca fue la misma.
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La puerta del cielo (Dir. Michael Cimino, 1980)

El director Michael Cimino venía de ganar un Óscar por El francotirador, lo que le dio una gran libertad creativa para este nuevo proyecto. Sin embargo, su visión artística, aunque ambiciosa, resultó ser demasiado compleja y costosa para llegar a buen término. El presupuesto inicial se multiplicó por cuatro debido a constantes reescrituras del guion, reshoots, y un elenco cada vez más numeroso. Si a ello le sumamos una filmación de meses, mucho más de los esperados, todo terminó por estallar.
En United Artists, el estudio detrás del proyecto, se llegó a considerar que Cimino fuera reemplazado con otro director. Actores fueron y vinieron de las filmaciones, por lo que la tensión se hizo cada vez más grande. Una leyenda alrededor de la película refiere que Cimino escondió el corte final de la película a los ejecutivos del estudio, pero él siempre lo negó. La película llegó a los cines y de inmediato recibió críticas devastadoras. Fue una decepción tan grande que United Artists la retiró de los cines pocos días después del estreno.
Fitzcarraldo (Dir. Werner Herzog, 1982)

Cuenta la obsesión de un hombre por construir un teatro de ópera en la selva amazónica, y que decide transportar un barco a través de una montaña para cumplir su hazaña. La premisa es única, pero podríamos decir lo mismo de su hostil filmación, que se llevó a cabo en la selva peruana. Para aquella escena donde el barco es arrastrado se utilizaron cientos de personas, incluyendo a indígenas locales, para llevar a cabo esta tarea titánica.
En la selva amazónica se vivió una experiencia demoledora. El equipo de filmación tuvo que lidiar con lluvias torrenciales, enfermedades tropicales y la constante amenaza de animales salvajes. La relación entre el equipo de filmación y las comunidades locales también fue compleja. Hubo momentos de colaboración, pero también de tensión y conflicto. En la filmación de otra secuencia que involucró al barco, seis miembros del equipo resultaron lesionados.
Las cosas se complicaron cuando un peruano involucrado en la filmación fue mordido por una serpiente venenosa. Asustado, dedició amputar su propio pie para evitar la propagación del veneno. Alrededor se presentaron dos accidentes aéreos más, que contribuyeron a hacer del rodaje algo aún más extraño que la premisa inicial.
Duna (Dir. David Lynch, 1984)

Aunque Denis Villeneuve ha llevado la obra de Frank Herbert con gran éxito a la pantalla grande, David Lynch no vivió la misma experiencia en la década de los 80. Su versión de la novela, tan ambiciosa como el material original, se enfrentó a más de un desafío, lo cual dio pie a una producción caótica. Los productores, Dino y Raffaella De Laurentiis, tenían una visión diferente de la película y ejercieron una fuerte presión sobre Lynch para simplificar la trama y hacerla más comercial. Esto llevó a numerosos cortes y cambios en el montaje final, que no contaban con la aprobación del director.
Varias versiones de Duna se han estrenado, y en algunas, Lynch pidió ser acreditado por medio de pseudónimos. La filmación se llevó a cabo en México para facilitar el manejo del presupuesto, y también porque en Europa no se tenían los recursos necesarios por la producción. Los Estudios Churubusco se convirtieron en el origen de muchos problemas, como fallos en la línea telefónica y nula electricidad. Algún día se reportó que la filmación de Duna transcurrió entre oscuridad y un solo teléfono.
Miembros de la producción se reportaron enfermos por las condiciones insalubres del rodaje. Incluso se pidió que un chef de Italia viniera al set de filmación para abrir un mini restaurante y alimentar a la producción de manera adecuada. La cereza en el pastel fue el rotundo fracaso taquillero. Duna recaudó apenas $30 MDD en todo el mundo, pero con el paso del tiempo ha ganado un estatus como película de culto.
Depredador (Dir. John McTiernan, 1987)

Curiosamente, otra película que utilizó locaciones mexicanas. La producción de Depredador se enfrentó a constantes problemas de presupuesto, lo que obligó al equipo a ser muy creativo con los efectos especiales y las locaciones. Una gran parte se rodó en una selva de México, específicamente en Palenque, Chiapas, y las condiciones climáticas extremas, como la lluvia constante y el frío, dificultaron enormemente el rodaje. En algún momento incluso se usaron lámparas de calor para el set
Peor aún: el diseño del Depredador fue cambiando constantemente durante la producción, lo que generó confusión y retrasos. También se dice que hubo algunos conflictos entre el director John McTiernan y algunos de los actores, lo que tensó el ambiente en el set. Se especula que muchas de estas tensiones surgieron tras problemas estomacales, que se incrementaron por la calidad del agua en el hotel donde todos se hospedaban. Kevin Peter Hall, miembro del elenco, describió la filmación de Depredador como una historia de supervivencia, y no precisamente por la trama.
La isla del Dr. Moreau (Dir. John Frankenheimer, 1996)

Adaptar la novela escrita por H. G. Wells a finales del siglo XIX se antojaba como una tarea difícil, pero nadie estaba preparado para el infierno en que se convertiría la filmación. El problema principal fue Val Kilmer, protagonista de la cinta, y quien desde los primeros días se dedicó a hacerle la vida imposible a sus compañeros. No sólo criticó la labor de Richard Stanley, el guionista, sino que le faltó al respeto improvisando sus propias líneas.
Al parecer, las escenas filmadas por Kilmer eran, básicamente, inservibles para la versión que llevaría a los cines. Rob Morrow, que tenía un rol secundario, pidió que lo dejaran abandonar el proyecto porque ya no soportaba la presión. Curiosamente, quien sí logró salir fue el director inicial. Su reemplazo, John Frankenheimer, no pudo resolver el caos, y de paso se embarcó en una pelea con los productores por la visión que cada uno quería de la película. Bien dicen que lo que mal empieza, mal termina, y así, La isla del Dr. Moreau se convirtió en un fracaso de taquilla que, además, recibió críticas muy negativas por parte de los especialistas.
Titanic (Dir. James Cameron, 1997)

Ensamblar una de las películas más ambiciosas de la historia se convirtió en un desafío para James Cameron, quien hizo que su elenco estuviera por mucho tiempo en el agua. Algunos actores contrajeron gripe y enfermedades respiratorias, todo mientras el presupuesto subía y subía. La producción se alargó, lo que provocó disputas entre el director y 20th Century Fox.
El 13 de septiembre de 1996, Entertainment Weekly reportó que, un mes antes, el rodaje en Nueva Escocia se convirtió en una verdadera locura. Hubo una cena a la que acudieron actores y equipo de producción, a quienes se les sirvió sopa de langosta. Nadie sabía que el platillo estaba mezclado con fenciclidina, una droga disociativa a la que también se le conoce como “Polvo de ángel”. Decenas de personas que degustaron la sopa terminaron con mareos, vómito, delirios, llanto y una ansiedad terrible.
Es uno de los pocos casos donde el caos dio pie a un gran resultado, pues Titanic fue durante más de diez años la película más taquillera de la historia. Además, ganó 11 Premios Óscar y se convirtió en todo un clásico de la industria.
Mad Max: Furia en el camino (Dir. George Miller, 2015)

Aunque George Miller estaba emocionado por el regreso a este desolado mundo, las cosas no salieron tan bien como se pensaban. La película recibió elogios universales, pero el detrás de cámaras es más dramático de lo que muchos esperarían. Si bien, la historia se gestó décadas antes de su estreno, diversos problemas de financiamiento y logística complicaron la filmación.
Para hacerlo todo de la forma más real posible, Miller quiso grabar en un desierto real (el de Namibia, al suroeste de África). Hubo temperaturas brutales, aislamiento, tensión, coreografías de acción que parecían imposibles, y muchos meses donde los actores sólo veían el sol, la arena, y a los mismos compañeros de siempre. Zoë Kravitz relató que la experiencia se volvió confusa, y que los ánimos (de todos los involucrados) decayeron con el paso de los días.
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El escándalo más sonado fue que los protagonistas (Tom Hardy y Charlize Theron) no se llevaron bien. Incluso protagonizaron una serie de enfrentamientos que llegaron a paralizar la producción en varias ocasiones. Ambos son conocidos por su intensidad en los sets, y si a ello le sumamos un entorno hostil, la tensión creció como la espuma. A ella le molestaba que Hardy fuera impuntual, y él se la pasaba comportándose como su personaje. Además, ninguno entendía la visión del director. Afortunadamente, la película fue un éxito con la crítica, recibió 10 nominaciones al Óscar, y ambos actores terminaron el rodaje con una mejor actitud.
El renacido (Dir. Alejandro G. Iñárritu, 2016)

Para esta, su película más taquillera hasta ese momento, Alejandro González Iñárritu tuvo la idea de retratar el viaje de su protagonista con luz natural. Además, filmó todo en orden cronológico, algo muy pocas veces empleado. Debido a estas decisiones, y a los problemas que representaba mantener la continuidad del clima, la iluminación o cualquier elemento natural, el rodaje se retrasó. Hubo nevadas, ráfagas de viento y noches complicadas.
Miembros de la producción se quejaron de las condiciones en que se trabajó. Algunos fueron despedidos y otros renunciaron por voluntad propia. Leonardo DiCaprio y todo el equipo de producción restante filmaron a temperaturas bajo cero, pero Iñárritu consideró que todo valió la pena, esto por el resultado obtenido. Tras escenas de pelea, agua helada y muchas caminatas, el actor por fin ganó su primer Óscar. No importó mucho que el presupuesto se elevara de los $60 a los $135 MDD, pues El renacido se convirtió en un gran éxito taquillero y obtuvo varios premios en numerosas contiendas.
Liga de la Justicia (Dir. Zack Snyder, 2017)

Luego de la decepción creativa que significó Batman vs Superman: El origen de la justicia, en Warner Bros las cosas cambiaron. No se hicieron cambios significativos a la cinta mientras Zack Snyder estuvo al mando de este ensamble, pero una vez que este abandonó el proyecto (por una tragedia familiar), la cinta se convirtió en otra cosa.
Para aligerar el tono, los ejecutivos de Warner Bros recurrieron a Joss Whedon, director de Los Vengadores, quien terminó la postproducción y filmó reshoots. Pronto se supo que el nuevo cineasta escribió 80 páginas nuevas para el guion, eliminó numerosas secuencias del corte anterior, y entregó un Frankenstein cinematográfico de 120 minutos que cumplió con las expectativas de muy pocos. La película, como era de esperarse, fracasó en taquilla ante su presupuesto de $300 MDD.
Con el paso de los años se supo que la situación fue aún peor. Ben Affleck vivió un infierno al ver que el proyecto carecía de una dirección fija, mientras que Ray Fisher y Gal Gadot reportaron malos comentarios de Whedon, una actitud agresiva y hasta amenazas. Un grupo de fans luchó para ver la versión original de Zack Snyder, algo que se consiguió hasta 2021.
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El hombre que mató a Don Quijote (Dir. Terry Gilliam, 2018)

Durante casi tres décadas, Terry Gilliam quiso filmar esta ambiciosa propuesta vagamente basada en Don Quijote, el clásico de Miguel de Cervantes Saavedra. Los primeros diez años (1989 a 1998) hubo problemas de financiamiento, pero fue a finales del siglo XX cuando todo indicaba que el proyecto iniciaría su filmación. Una inundación, destrucción del equipo, actores enfermos y la falta de liquidez para reestablecer la producción acabaron con tofo.
Entre 2013 y 2016 hubo nuevos intentos por levantar el proyecto, uno de absoluta pasión para Gilliam. Johnny Depp, Michael Palin, Robert Duvall, John Hurt, e incluso Ewan McGregor fueron mencionados como parte del elenco en varias etapas del proceso. El director se mostraba emocionado y seguro de conseguir filmar a lo largo de 2014, pero no se materializó. Los guiones se modificaron para ofrecer una historia más contemporánea, y se pensaba filmar en 2015, pero el cáncer de John Hurt provocó la suspensión de las actividades. Este murió en febrero de 2017.
En 2016, Gilliam conoció al productor portugués Paulo Branco, quien le ayudaría a conseguir el presupuesto. Las tensiones crecieron cuando Branco quiso control creativo del proyecto. Su actitud y la reputación que le precedían (se le consideraba un hombre difícil) provocaron que Amazon Studios ya no distribuyera la película. El portugués buscó reducir el presupuesto, y hubo problemas con otros salarios. La relación entre ambos se rompió.
El hombre que mató a Don Quijote, con nuevos productores y Adam Driver como protagonista, se filmó en la primavera de 2017. Branco llegó a instancias legales asegurando que cualquier estreno era ilegal porque él poseía los derechos de la película. Mariela Busuievsky, productora de la cinta, alegó que la filmación se llevó a cabo sin estar bajo los acuerdos filmados con el portugués. Sin embargo, Gilliam sí terminó por pagarle algunos miles de dólares, esto por no terminar su contrato de la firma correcta. Al final, la cinta debutó en el Festival de Cannes de 2018, y llegó a los Estados Unidos en abril de 2019.
Megalópolis (Dir. Francis Ford Coppola, 2024)

Durante más de cuatro décadas, Francis Ford Coppola intentó llevar este proyecto a la pantalla grande. Sin embargo, problemas con los estudios para filmar, los atentados de 2001 a las Torres Gemelas y una falta de interés por parte de los estudios retrasaron la producción. Tras vender una parte de su viñedo, tomó $120 MDD y se embarcó en el desarrollo de Megalópolis.
Curiosamente, Adam Driver también protagonizó este caótico proyecto. Los problemas iniciaron cuando se despidió al diseñador de producción, al supervisor de arte, y el equipo de efectos visuales dejó Megalópolis. Todo esto sucedió mientras ya se filmaba la cinta. La nula experiencia de Coppola con nuevas tecnologías para efectos visuales convirtió la labor de muchos en un infierno, y su actitud tampoco ayudó mucho.
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Hubo quejas sobre un director ausente, que no aceptaba opiniones y no dejaba que nadie contribuyera en su visión de esta película. Algunos colaboradores defendieron al director, pero pronto se sumaron acusaciones de acoso a las extras, discusiones con miembros del elenco, y un rechazo de los grandes estudios en Hollywood para distribuir la obra de Coppola.
La promoción también estuvo plagada de errores, pues en el tráiler se usó inteligencia artificial y la información arrojada fue errónea. Muchos convirtieron Megalópolis en su burla favorita, pues además fue destruida por la crítica y completamente ignorada en la taquilla. A pesar de todo lo ocurrido, Coppola afirma que no le interesa la taquilla y se muestra ocurrido de la película que creó.

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