‘Samsara’: El alma a través del espacio y del tiempo

‘Samsara’: El alma a través del espacio y del tiempo

Aunque el rostro visible del cine de arte y ensayo, así como figura predominante del cine experimental, sea Oliver Laxe, en los últimos años ha surgido otro nombre que bien puede mostrar otra manera de entender el lenguaje cinematográfico. También proveniente de Galicia, Lois Patiño se ha erigido como uno de los directores más fascinante de la industria española actual. Aunque debutó con ‘Costa da morte‘, fue ‘Lúa vermella‘ con la que consiguió consolidarse como uno de los realizadores con una mirada más particular.

Samsara

Con la propia mitología y folclore gallego como trasfondo, ‘Lúa vermella’ planteaba una idea que ha podido verse en su siguiente trabajo, ‘Samsara‘. Ambas han sido una evolución de uno de los planteamientos habituales en la filmografía de Patiño: la vida más allá de la muerte o cómo el ser humano se prepara para enfrentarse a un final que llega a todo aquel que tenga vida. Premio Especial del Jurado (ex aequo con ‘Orlando, mi biografía política‘) en la sección Encuentros de la 73ª edición del Festival de Berlín; además de haber sido candidata al Forqué al mejor documental y de optar al Premio Arrebato de No Ficción de los Premios Feroz, ‘Samsara’ es una propuesta mucho más ambiciosa.

Es más ambiciosa en tiempo y forma, dado que Patiño, quien firma el guion junto con Garbiñe Ortega, lleva a otro nivel esa reflexión sobre la muerte y el alma. Mirándose tanto de una manera crédula como no, la cinta plantea que sucede con el espíritu cuando deja el mundo terrenal. Para apoyarse en su decisión de realizar ese transcurso del alma, opta por narrar dos historias bien diferenciadas, con un nexo que invita a romper los conceptos convencionales del séptimo arte y llevando este tránsito del alma desde Laos hasta Tanzania.

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Los escenarios no son casuales. Como país con profundas raíces budistas, Laos era el lugar ideal para mostrar cómo un joven monje guía a una anciana moribunda, leyéndole el ‘Libro Tibetano de los Muertos’, el cual es una guía de instrucciones para gente que se encuentra en el final de su vida y que, según la creencia del budismo tántrico, permite alcanzar el nirvana durante el período inmediato al deceso, con el objetio de renacer en días posteriores y regresar al samsara, con el que el alma vuelve en otro cuerpo.

Una experiencia que rompe con lo convencional

La primera parte muestra el acompañamiento del joven monje, así como logra ser un cuidado ejercicio documental sobre los usos y costumbres del Laos actual, en una región en la que tradición y modernidad se encuentran, en una especie de limbo terrenal que bien podría ser una respuesta visual a lo que la historia narra. Patiño muestra su pasión por el estilo de no ficción, combinándolo con un relato en el que la fina línea entre documental y ficción se difumina.

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Aunque la segunda parte atrae, al cambiar completamente de escenario y ver cómo el alma de la moribunda pasa al cuerpo de un cabritillo hembra en Tanzania, en una comunidad musulmana en un país mayoritariamente cristiano; lo que termina de atrapar es la transición que Patiño realiza entre los dos mundos. Una experiencia que podría catalogarse de sinestésica, en la que el cineasta busca ofrecer una serie de sensaciones que traspasen la vista y dejen al público formar su propio ejercicio metalingüístico a través de los otros sentidos.

Pocas veces el cerrar los ojos mirando una película podría ser una alabanza. Con esa transición, Patiño logra coronarse como uno de los realizadores más fascinantes del panorama audiovisual actual. Con un estilo cuya primera parte bien podría evocar a ese universo místico y sensorial del cine de Apichatpong Weerasethakul; y con una segunda parte que bien podría recordar al estilo de Abderrahmane Sissako. Patiño trasciende y evoca a una manera de entener la cinematografía en la que se rompe con lo narrativo y lo convencional, dejando a las imágenes sentir y transmitir sus sensacioens al público; con una profunda reflexión sobre la muerte y cómo las diferentes culturas se enfrentan a una realidad inevitable para todo aquel que exhale vida.

7

Lo mejor: La secuencia de la transición entre una historia y otra es una experiencia excepcional.

Lo peor: La segunda parte no es tan redonda como la primera.

Contenido original de eCartelera

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