Un toque de amor – Crítica de la película (Tour de Cine Francés 2025)

Un toque de amor – Crítica de la película (Tour de Cine Francés 2025)

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De repente, un diagnóstico médico cambia tu vida. Tenías infinidad de planes, ideas, sueños por cumplir y, ahora, lo único seguro es que sólo tienes unos cuántos meses de vida. Esa es la realidad a la que se enfrenta Mélanie, protagonista de Un toque de amor, primera película dirigida por Maël Piriou, y la cual forma parte del más reciente Tour de Cine Francés. En papel, su historia podría parecer algo que hemos visto hasta el cansancio, pero su ejecución tiene elementos más que interesantes.

Mélanie es una abogada que, tras ser diagnosticada con una enfermedad incurable, decide disfrutar de la vida. Así se embarca en un viaje a España con su amigo Benjamin, todo con el objetivo de explorar su sexualidad en un burdel. Mélanie y Benjamin, ambos en silla de ruedas, forman un trío entrañable con Lucas, un hombre recién salido de prisión. Este conduce la destartalada camioneta que los llevará a su destino.

Un toque de amor, Tour de Cine Francés

Mezclando comedia, drama, y diálogos totalmente directos, Un toque de amor es una película que desde el principio atrapa. No pierde tiempo para mostrar el entorno de sus tres protagonistas, y aunque estos tienen diferencias entre sí, los une el sentimiento de por fin pertenecer. No quieren quedarse con las ganas de hacer algo.

Julia Piaton es quien más responsabilidad lleva como Mélanie, y pasa de ser una mujer dura y ligeramente resentida con la vida, a una que no tiene miedo de enfrentar más obstáculos, o dejarse llevar. Su personaje maneja un sentido del humor negro que se agradece. Además, plantea algunas preguntas interesantes sobre las personas con discapacidad y lo difícil que les resulta encontrar un espacio para todas sus experiencias. Esto, por supuesto, incluye las relacionadas con la sexualidad.

Su química con Quentin Dolmaire es tan exacta como se necesitaba. Este consigue un buen nivel de complicidad, y maneja tanto el drama como la comedia de una forma respetuosa. Es esa clase de amigo que todos quisiéramos tener, pues secunda a Mélanie en sus planes, la apoya incluso cuando no está seguro, y siempre quiere lo mejor para ella. La dupla que forman nos recuerda que la vida, a pesar de las circunstancias, siempre guarda espacio para el deseo y las risas.

La dinámica no sería igual sin Lucas, interpretado por Grégory Gadebois. Este es un exconvicto que al principio tiene cara de pocos amigos y accede, no con el mejor de los ánimos, a servir como chófer para Mélanie y Benjamin. Como sucede con las buenas road trips, cada kilómetro recorrido da pie a nuevas y más profundas memorias. El exconvicto se convierte, sin quererlo, en una especie de conciencia para ambos personajes. Es, además, el eslabón que definitivamente equilibra esa amistad.

Si bien, algunas de las preguntas que plantea el guion se quedan sin respuesta, Un toque de amor entrega algunas metáforas sobre la falsedad de las redes sociales y lo que le han quitado al mundo real. También cuenta con gags creativos, y algunos momentos que, aun cuando pecan de predecibles, nos hacen valorar aún más a los protagonistas. No es una historia que descubra el hilo negro (y tampoco lo pretende), pero sí le da un pequeño giro a lo que inicialmente se presenta.

Visualmente, la película es encantadora y, al mismo tiempo, ligera. Dominan los paisajes que acompañan el viaje en carretera, y también algunas locaciones en España que ayudan a Mélanie y Benjamin para cumplir sus destinos. La fotografía sobresale por sus colores vivos, la limpieza de sus ángulos, y la elegancia con que retrata incluso los momentos más íntimos. Es una producción llena de armonía tanto en su composición, como en lo que nos enseñan sus personajes.

Es cierto que, conforme se acerca a su conclusión, Un toque de amor pierde esos comentarios ácidos de los primeros dos actos. Sin embargo, también queda claro lo que pretende su guion: mostrar un trío atípico y esos sentimientos escondidos que muchos, incluso sin una discapacidad, hemos experimentado. En poco menos de 90 minutos, esta producción llena la pantalla con autenticidad, comedia elegante y evidente fragilidad. Sus protagonistas viven de forma “diferente” a los demás, pero aún con ello buscan disfrutar intensamente todos los días que aguardan en su vida.

Mientras corren los créditos finales, tras una conclusión tan colorida como esperanzadora, es inevitable pensar en que todo es posible si recorremos el camino correcto, incluso la felicidad.

autor Soy de los que siempre defendió a Robert Pattinson como Batman y puede ver la misma película en el cine hasta 7 veces. ¿Mi gusto culposo? El cine de terror de bajo presupuesto.

Contenido original de Cine PREMIERE

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