Valentina o la serenidad: Sentirnos como niños que pierden a un ser querido

Valentina o la serenidad: Sentirnos como niños que pierden a un ser querido

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Hace cuatro años, la cineasta mexicana Ángeles Cruz empezó a escribir el guion de Valentina o la serenidad, su segundo largometraje como directora. Y lo que ella más sentía era miedo… Miedo a perder a un ser querido a causa de la pandemia por COVID-19. La historia que concibió versaba sobre el duelo, pero curiosamente no desde una mirada adulta. Más bien, desde la perspectiva de una pequeña niña cuyo padre muere trágicamente en un accidente. Y es que, ¿acaso no todas y todos, a cualquier edad, podemos llegar a sentir la misma confusión e incluso frustración de un infante, al momento de que la muerte llama a la puerta y nos arrebata a alguien a quien amamos?

Valentina o la serenidad (2023)

Ternura y contundencia mediante, Valentina o la serenidad ha tocado innumerables corazones dentro y fuera de México. Desde su premiere mundial en septiembre del año pasado, en el marco del Festival Internacional de Cine de Toronto, pasando también por el FICM 2023 y un puñado de encuentros y muestras cinematográficas, más de un espectador ha manifestado una conexión con el argumento. «La recepción ha sido muy amorosa», dice Ángeles Cruz, en entrevista con Cine PREMIERE. «Hemos tenido comentarios acerca de soltar. De procesos de duelo atorados y de gente adulta que vuelve a sentirse como niña o niño frente a la película».

De algún modo, tanta empatía desde el exterior era reflejo de la propia empatía con que Cruz confeccionó su largometraje. Vertió en él no únicamente sus propias experiencias con la muerte –de cuando perdió a su padre a muy temprana edad–, sino que también se basó en testimonios de niñas y niños huérfanos de Villa Guadalupe Victoria, comunidad oaxaqueña de la que ella es originaria y en la que Valentina o la serenidad está ambientada.

A partir de La tiricia o como curar la tristeza (2011) –su primer cortometraje como directora–, Cruz se propuso que todos sus proyectos fílmicos involucraran a aquella localidad de San Miguel el Grande. Y a lo largo de toda su trayectoria, cabalmente ha cumplido con filmar en Villa Guadalupe Victoria y hacer partícipes a sus pobladores. Siempre con «respeto a los usos y costumbres de nuestra comunidad», según nos cuenta.

Valentina o la serenidad parte de ese respeto. Pero también del deseo de la realizadora de que la cultura mixteca prevalezca. De ahí la importancia que cobra la jarana mixteca –instrumento tradicional con base en el cual Alejandra Hernández y Rubén Luengas compusieron la música de la película–, pero sobre todo la lengua. A través del mixteco es que Valentina asume que podrá comunicarse con su desaparecido padre. Por ello le pide a Pedrito, un amigo de la escuela, que le enseñe frases y palabras pertenecientes a aquella lengua originaria y que ella antes no se había molestado en aprender.

En los talleres de casting para niñas y niños que Cruz y la actriz Myriam Bravo llevaron a cabo durante la preproducción de Valentina o la serenidad, una de las actividades era justamente leer un poema en mixteco. Y una niña en particular fue más lejos que sus demás compañeros y acabó memorizándoselo. Se trataba de Danae Ahuja, quien con este gesto –sumado a «su tesón, su manera de trabajar y su responsabilidad», en palabras de la directora– acabó apropiándose del rol de Valentina.

Valentina o la serenidad (2023)

Ahuja fue nominada a Mejor revelación actoral en los premios Ariel 2024. En aquella misma ceremonia, la película gozó de una nominación en la categoría de Mejor guion original, mientras que en la quinteta de Mejor coactuación femenina, se hizo presente Bravo. Curiosamente, su papel como la mamá de Valentina es ya el cuarto que desempeña en un proyecto dirigido por Ángeles Cruz. La actriz actuó también en La tiricia, La carta (2014) y Nudo mixteco (2021), hasta llegar a Valentina, para la cual ella además ejerció por primera vez las labores de productora.

«Pienso que todo comienza desde la admiración al trabajo de Ángeles y desde su generosidad como compañera actriz», nos comenta Myriam Bravo, al preguntarle sobre cómo surge esta íntima asociación con Cruz de más de diez años de antigüedad.

A continuación, pueden leer la entrevista completa que Cine PREMIERE sostuvo con ambas, a propósito del estreno comercial de Valentina o la serenidad en territorio mexicano.

Valentina o la serenidad: Una plática con Ángeles Cruz y Myriam Bravo

Valentina o la serenidad ya lleva un año recorriendo cines y festivales dentro y fuera de México. Al día de hoy, ¿cuál ha sido el comentario o la reacción más significativa que han recibido por parte del público?

Ángeles Cruz: Híjole, la recepción ha sido muy amorosa. Hemos tenido comentarios acerca de soltar. De procesos de duelo atorados y de gente adulta que vuelve a sentirse como niña o niño frente a la película. Recuerdo a un joven que me decía que todo el tiempo había estado pensando en las tortillas que le preparaba su abuela. En este acto amoroso de cuidarlo aunque nunca le hubiera dicho que lo quería… Me pareció así, súper potente, que —y lo tenemos en la película— una manera de afecto es también cuidar al otro.

Myriam Bravo: Yo recuerdo una recepción muy hermosa y amorosa en el Festival de Toulouse. Tuvimos un encuentro con un grupo de adolescentes y recuerdo la empatía con la que recibieron la película. Recuerdo una función en particular de la que salimos y había varias personas esperándonos. Había una chica como de unos 17 años que estaba totalmente quebrada. Se acercó a nosotros y dijo que ella no había vivido hasta ese momento un duelo en su familia, pero que la posibilidad de estar en el lugar de Valentina la sensibilizó muchísimo. Entonces creo que Valentina o la serenidad también hace eso: sensibilizarnos ante el tema del duelo. Hacernos pensar en el otro y en cómo podemos acompañar a cualquier persona que esté viviendo un proceso así.

Lo vemos a través de los ojos de Valentina, pero [en la realidad] todos volvemos a estar en ese lugar cuando sufrimos una pérdida… Esa vulnerabilidad de sentirnos como estos niños que pierden a alguien importante.

valentina o la serenidad
Valentina o la serenidad (2023)

Tengo entendido que organizaron talleres de casting para niñas y niños, con el objetivo de encontrar a su actriz protagónica. ¿Cuál era un rasgo en específico que buscaban para Valentina y que encontraron en Danae?

Ángeles Cruz: Fíjate que no partimos de una idea preconcebida. De hecho se hicieron varios talleres: el taller de escritura creativa para ver cómo desarrollaban su imaginación; uno de juegos para ver cómo convivían con sus demás compañeras y compañeros. Y el último era ya con el personaje y con varias niñas para Valentina y varios niños para Pedrito. Hay mucho talento en la comunidad y veíamos que [estas niñas y niños] eran muy similares en cómo llegaban a un lugar. En cómo podían transitar la imaginación o el “estar”, el “saber estar”.

Lo que nos decantó por Danae fue su tesón, su manera de trabajar, su responsabilidad.

El poema con que cierra la película, se los dimos con la traducción para que lo leyeran y lo trataran de entender. Y la única niña que llegó con el texto aprendido fue Danae. Acudió con su abuelita, le preguntó cómo se pronunciaban las cosas, qué significaba, cómo se decía, y se lo aprendió. Eso fue como decir: «Tenemos a una niña que aparte de talentosa, es muy responsable. Da un paso más hacia adelante y eso nos garantiza que podremos trabajar con ella de una manera más fluida y más tranquila».

Valentina o la serenidad retoma elementos de la cultura mixteca que están en riesgo de desaparecer. Ahí está la jarana mixteca —con la que se musicaliza gran parte de la película— y la misma lengua mixteca. ¿Estos elementos se tuvieron contemplados desde un inicio en el guion o se fueron sumando poco a poco?

Ángeles Cruz: Yo soy muy cuadrada, por decirlo de alguna manera. Me gusta construir desde el guión y me gusta tener estos hallazgos en el guion. Siento que el guión es esta semilla que va germinando y que con el paso del tiempo va sumando elementos. Todo partió de trabajar mucho en la historia y entender, por ejemplo, para mí, que desde la lengua se convocaba a este tejido ancestral.

¿Cómo [siendo Valentina] me puedo comunicar con mi padre que ya no está? A través de algo que yo rechacé y que no quise aprender. Pero eso es lo que me va a conectar: ese sonido antiguo que viene desde mis ancestros y que se me hereda como parte de mi cultura.

Respecto a la música, con Rubén Luengas tenemos una conexión muy especial y cuando empezamos a platicar, le dije: “Pienso en este sonido de cuerdas que oí de niña, en cómo se rasgaba o cómo se oía a través de unas bocinas reventadas”. Y él me dijo: “Bueno, está la jarana mixteca que se está perdiendo”. Y entonces, en cuanto lo nombró, se me metió en la cabeza y así está puesto en el guion: ese sonido de jarana, pasado por una distorsión, por un zumbido. Ya Rubén se encargó de toda la cuestión acústica de la jarana y Alejandra Hernández vino después con la intervención, digamos, electroacústica.

valentina o la serenidad
Valentina o la serenidad (2023)

Ustedes, Myriam y Ángeles, llevan ya más de diez años trabajando muy cercanamente. ¿En qué momento dirían que hubo entre ustedes un primer click y cómo ha crecido esta colaboración desde entonces?

Myriam Bravo: Pues en mi caso, pienso que todo comienza desde la admiración al trabajo de Ángeles y desde su generosidad como compañera actriz. Nos conocimos en la película Espiral [de 2008, dirigida por Jorge Pérez Solano], que fue mi primera película, y ahí tuve la fortuna de trabajar con Ángeles. Luego, ella nos invita en 2011 a su comunidad —a Noé Hernández, a Sonia Couoh y a mí— y ya estando allá nos da a leer el guion de La tiricia o cómo curar la tristeza.

Conocer estas historias entrañables que Ángeles quería contar, que nos llevara a su comunidad y entender qué es lo que quería contar y desde dónde, yo creo que desde ahí empezó como este pacto de amor [entre nosotras] por generar nuevas historias.

La verdad es que cada uno de los proyectos en los que hemos colaborado nos han enriquecido muchísimo. Siento que trabajar en la comunidad de Villa Guadalupe Victoria ha sido un proceso muy hermoso. Aprendemos muchísimo al trabajar en esta comunidad y yo creo que entender el cine como Ángeles nos lo quiere compartir —como este cine en comunidad y de comunidad— ha sido un viaje muy hermoso. Y con Valentina o la serenidad, nos enriqueció también el trabajar con estas infancias que vieron que existe la posibilidad de seguir haciendo cine.

Ángeles Cruz: Para mí, todo parte también de la admiración. Yo siempre digo que me rodeo de las personas que admiro para poder hacer mi trabajo más fácil. Entonces esto inició justo con La tiricia o cómo curar la tristeza: convocar a tres personas —Myriam Bravo, Noé Hernández y Sonia Couoh— sin que conocieran el guion y sin que me hubieran visto jamás dirigir.

Son personas que confiaron ciegamente en mí y dije: “Pues va, hagamos una familia, hagamos un camino”. Y éste es el resultado. Llevamos colaborando con Myriam, con Sonia y con Noé todo este tiempo.

Myriam evidentemente ha tomado no nada más la parte de actriz, sino que se ha sumado a los proyectos desde el casting, desde la formación, desde los talleres. Ya ahorita es productora también de Valentina o la serenidad. Es dueña también de la película y yo creo que eso nos pone en un ámbito de colaboración y de admiración mutua que esperamos seguir conservando.

Ángeles, en todas tus películas has procurado que la población de Villa Guadalupe Victoria participe activamente delante y detrás de cámaras. Cuando presentas un proyecto ante la asamblea comunitaria, ¿qué requisitos o condiciones existen para que la comunidad acceda a participar?

Ángeles Cruz: Pues, bueno, hay cuestionamientos. Yo creo que finalmente tenemos responsabilidades comunitarias que hay que cumplir. O sea, la limpieza de la comunidad, el respeto a los usos y costumbres de nuestra comunidad y también a los tiempos de nuestra comunidad. Por ejemplo, nosotros sabíamos que la producción no podía pasarse de septiembre porque esa es la fecha principal para las fiestas de San Miguel el Grande. Tenemos nuestro sistema normativo y a la hora de presentar un proyecto ante la asamblea, la clave es escucharnos y decir de qué se trata; conciliar nuestros tiempos y nuestros espacios para poder llevar a cabo nuestro trabajo.

Valentina o la serenidad se exhibe actualmente en cines de toda la República Mexicana. Chequen AQUÍ en qué salas comerciales o sedes del circuito independiente encontrarán funciones.

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autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.

Contenido original de Cine PREMIERE

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