Almas gemelas

Almas gemelas

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La película Almas gemelas (2015) presenta una sociedad utópica en la cual las emociones son reprimidas desde el nacimiento para obtener un mejor rendimiento de sus ciudadanos. Todo cambia para el protagonista, Silas (Nicholas Hoult), cuando comienza a experimentar sentimientos que eventualmente lo llevan a enamorarse de Nia (Kristen Stewart), una chica que, como él, vive en la sombra ya que descubre que puede sentir. Ahora ambos deberán descubrir una manera de desafiar al sistema para poder estar juntos sin que la sociedad los castigue.

Silas y Nia Almas gemelas

Desde sus inicios, la ciencia ficción ha buscado mostrar los problemas de la sociedad desde una manera metafórica. En la mayoría de los casos, y si se analiza a profundidad, se puede encontrar una crítica a la manera en la que vivimos o las consecuencias de continuar por el mismo camino –no es casualidad que nos parezca tan tétrico Black Mirror.

Esta introspección es lo que trata de lograr Almas gemelas, que explora la desensibilización de la sociedad ante las emociones humanas. Aquí lo único que vale es lo que uno puede aportar a un nivel práctico, algo así como lo que sucede en muchos ámbitos del mundo real. 

El escenario alternativo planteado por Drake Doremus

La representación de un mundo desensibilizado, utilitario y totalmente pragmático, que tiene un lugar para las emociones, busca despertarnos ante el individualismo de nuestra sociedad. El impacto de qué podría pasar si seguimos por ese camino nos inquieta porque se siente cercano a lo que vivimos día con día. 

Esto no sería posible sin la presencia de Hoult y Stewart, quienes logran crear empatía con la audiencia. Es grato verlos separarse de sus roles en cintas de alto presupuesto porque es algo que no esperamos de ellos. Pero, a pesar de contar con una sólida presencia protagónica, la película decae al tratar de abarcar más aspectos de la sociedad.

Sus buenos escenarios, gran diseño de producción, protagonistas interesantes y una premisa que resuena, no son suficientes para sostener un universo que no existe. Es decir, tiene un inicio sólido que involucra a la audiencia; sin embargo, la historia va perdiendo fuerza en cuanto las reglas del juego cambian. La razón es que este universo nunca queda lo suficientemente claro como para ser convincente. No logra la célebre “suspension of disbelief” (es decir, que «nos creamos» lo que estamos viendo) porque faltan aspectos clave dentro del guion que resultan en huecos de trama imposibles de ignorar.

Eta cinta no alcanza el nivel de otras de ciencia ficción cuyo propósito es la reflexión –los invitamos a ver Another Earth o Nunca me abandones. Sobre todo, por su guion que termina en un final abrupto. No obstante, es importante recalcar que sí es una propuesta distinta a lo que estamos acostumbrados a ver en cines. Se agradece que haya cineastas como Drake Doremus (Like Crazy) que quieren darle a la ciencia ficción una profundidad que va más allá de los gadgets y los universos utópicos agradables a la vista.

autor Cristina Vales fue editora de Cine PREMIERE por casi tres años, sin embargo, su lado geek la ha mantenido cerca. Búsquenla si quieren hablar de Buffy la Caza Vampiros, libros y todo lo que tenga que ver con entretenimiento.

Contenido original de Cine PREMIERE

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