Coyote vs ACME – Crítica de la película
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En 1990, el escritor Ian Frazier publicó en The New Yorker un texto satírico titulado «Coyote v. Acme«. En éste, él detallaba la demanda ficticia que el Coyote interponía contra la compañía responsable de todos los artefactos que, cortometraje tras cortometraje, terminaban por estallarle en la cara. Treinta y seis años después, esa broma literaria llega convertida en la película Coyote vs ACME.
La película llega a los cines cargando una ironía que ningún guionista habría podido mejorar: Coyote vs. ACME estuvo a punto de no existir nunca para el público, borrada por un estudio que prefirió el beneficio fiscal a estrenarla.
La historia sigue a Wile E. Coyote quien, cansado de que cada producto de ACME le falle en su eterna persecución por el Correcaminos, contrata a Kevin Avery (Will Forte). Él es un abogado de segunda a quien le encomienda demandar a la corporación. Del otro lado del tribunal espera Buddy Crane (John Cena), el abogado estrella de ACME y antiguo amigo de Kevin.
Dirigida por Dave Green, la película Coyote vs. ACME logra que la mezcla de acción real y animación se sienta orgánica y no como un truco publicitario, con un Coyote animado a partir de poses dibujadas a mano que conservan la textura física de la caricatura clásic. La referencia a ¿Quién engañó a Roger Rabbit? está por todas partes, y está bien portada: no imita aquella película, sino que honra su idea de que un dibujo animado puede compartir encuadre con un actor de carne y hueso sin que ninguno pierda dignidad. Acierta, sobre todo, al no dejar hablar jamás al Coyote: uno lo observa como miraría a su propia mascota, y ese silencio es la fuente de buena parte de la ternura de la cinta. John Cena, por su lado, confirma que es de los mejores comediantes físicos que tiene Hollywood; su Buddy Crane se roba cada escena en la que aparece, mientras Forte sostiene el corazón de la película con un Kevin derrotado y entrañable.

Pero lo que más se queda de Coyote vs. ACME, más allá de los gags y las referencias, es su mensaje: el Coyote nunca deja de perseguir al Correcaminos sin importar cuántas veces el suelo, la gravedad o un cohete mal diseñado lo aplasten primero. Y Kevin, un abogado que ya se había resignado a ser un fracasado, encuentra en ese caso perdido de antemano una razón para levantarse también él. Ninguno de los dos gana siempre. Ambos siguen intentándolo de todas formas, y ahí está el verdadero corazón de la cinta: no rendirse, sin importar cuántas veces se pierda.
Y es un mensaje que la propia película termina demostrando con su existencia. Cancelada en 2023 por Warner Bros. Discovery para reclamar una pérdida fiscal, la cinta solo sobrevivió porque su equipo, sus actores y sus fans se negaron a soltarla, hasta que Ketchup Entertainment la rescató en 2025. Si alguien se hubiera rendido en el camino, esta película jamás habría llegado a una sala de cine. Que hoy podamos verla es, literalmente, la prueba de que insistir vale la pena, y eso convierte a Coyote vs. ACME en algo más entrañable que cualquier otra comedia familiar de este año.
Si van a verla, disfruten también la ironía de pagar un boleto por algo que, no hace tanto, alguien decidió que jamás veríamos.

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