El Jockey, un baile de libertad de Nahuel Pérez Biscayart: «El abordaje nunca fue desde la lógica ni de querer explicarnos cosas»
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¿Por qué pensar demasiado las cosas, cuando la clave en ocasiones es simplemente entregarse al momento? Es así, por ejemplo, cuando se está frente a una película como El Jockey, donde la ambigüedad que permea en los personajes y acontecimientos allí narrados los vuelve hasta cierto punto inexplicables e impredecibles, y no sólo a ojos de la audiencia. En el caso de esta cinta, fue una situación similar para los actores involucrados, quienes sujetos a un guion que ofrecía más preguntas que respuestas, no tuvieron más remedio que abrazar lo ininteligible y desenvolverse más por instinto que por raciocinio.
“Es lo que pasa cuando uno baila bien, ¿no? Uno no está pensando en qué paso va a hacer después. Uno está dejándose llevar por el movimiento”, dice el histrión argentino Nahuel Pérez Biscayart (120 latidos por minutos) en entrevista con Cine PREMIERE, hablando en específico sobre la memorable secuencia de baile al inicio de El Jockey que tanto ha gustado a los espectadores. Pero, por otro lado, esa misma reflexión funciona para entender cómo Pérez Biscayart y demás miembros del elenco desempeñaron su papel en este relato surrealista. Sólo había que, como buenos bailadores, dejarse llevar.

Esta nueva película del director y guionista porteño Luis Ortega, contendiente al León de Oro en la 81° edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, sigue a un talentoso corredor de caballos llamado Remo Manfredini (Pérez Biscayart) cuyas buenas épocas han quedado atrás. Este yoqui —un adicto que arrastra un críptico pasado— ahora enfrenta una racha de vergonzosas derrotas; una que, para colmo, termina en un aparatoso accidente que lo lleva al hospital, y luego, a que éste deambule confundido por las calles de Buenos Aires, falto de identidad y vestido solamente con el abrigo robado de una mujer.
«Siento que nunca el abordaje del trabajo [de nosotros, como actores] fue desde la lógica ni desde querer explicarnos cosas. Fue más como de dejarse impregnar por este gran movimiento que es la película», comenta el intérprete de Remo, respecto a cómo él y sus compañeros se aproximaron a personajes tan extravagantes. «No lo recuerdo como algo complicado ni laborioso, sino como algo emocionante, demandante y excitante».
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Para Daniel Giménez Cacho (Bardo), actuar en El Jockey resultó también una experiencia sumamente gozosa. El seis veces ganador del Ariel encarna a Sirena, un empresario metido en la mafia que años atrás apadrinó a Remo y que se propone castigarlo por su desastrosa última carrera. Es un rol antagónico dotado de sus propios secretos y excentricidades, como que de manera recurrente cargue con un bebé de origen misterioso; una pieza más en este rompecabezas de guion que —al margen de ser «muy redondo», opina el histrión— se prestaba a muchísimas interpretaciones y, por ende, actoralmente había que entrarle con la mente muy abierta.
«Me di cuenta de que [El Jockey] podía tener muchas lecturas y que, por lo tanto, lo mejor era aflojar, relajarse y no estar pre-concibiendo demasiado», señala el español nacionalizado mexicano. «Ahí lo mejor era entrar lo más desprovisto de juicios y lo más abierto a recibir».
Claro que aparte de recibir, un actor siempre brinda algo de sí mismo al personaje. Y lo que Giménez Cacho le regaló a Sirena fue el potencial de transmitir paz y serenidad. No era que el actor sintiera naturalmente esa tranquilidad, pues en realidad, durante el rodaje de El Jockey en Argentina, tuvo que lidiar a distancia con una situación familiar muy difícil. Entonces, la calma que el mafioso refleja en pantalla vino más bien del enorme esfuerzo por parte de Giménez Cacho de no dejarse abrumar en el set por problemas personales.
«Había una cosa muy cabrona que estaba pasando en mi familia y que yo tenía que atender por teléfono. Entonces colgaba y decía: ‘No me voy a desconcentrar’. Y puse tal énfasis en cómo estudiaba [al personaje, diciéndome para mis adentros] ‘Calma, serenidad, aléjate de todo ese desmadre’, que creo que involuntariamente eso se impregnó [en mi interpretación]», nos confiesa el nominado al Goya.

En algún punto de la película, Sirena dice a sus subalternos: «Hay que volver a la violencia», dispuesto a renunciar a esa paz de espíritu que tanto lo caracterizaba. Y curiosamente fue algo improvisado que, al filmar esa escena, el bebé en brazos de Giménez Cacho comenzara a llorar inmediatamente después de que éste enunciara aquella frase. «Luego lo pongo en manos de mi guardaespaldas y se queda dormido. O sea, pues es un bebé. Ahí no se puede ensayar, ¿verdad? Y ese tipo de cosas estaban pasando», agrega sobre ese aspecto del proyecto que él opta por definir como «mágico».
Un baile vale más que mil palabras
En la obra audiovisual de Luis Ortega, las secuencias de baile son muy recurrentes. Las hubo también en su anterior película, El ángel (2018), y en las series televisivas El marginal (2016) e Historia de un clan (2015). Ocasionalmente, es a través de la música y de la danza —y no tanto del diálogo— que el cuadragenario director pone de manifiesto las emociones de sus personajes y el vínculo que los une.
Cuando en El Jockey vemos por primera vez a Remo interactuar con su amada Abril —una tenaz corredora de caballos interpretada por Úrsula Corberó (La casa de papel)— ninguno de los dos exclama ni la más mínima palabra. Únicamente se sacuden, brincan y se menean con la canción «Sin Disfraz» del grupo argentino Virus escuchándose de fondo.
«El baile de a dos inevitablemente nos muestra muchas cosas. Puede ser sensual, puede haber entendimiento, puede haber química, puede haber fricción, oposición, disputa… Y todos esos elementos se pusieron en juego a la hora de ensayar esa escena», nos comparte Nahuel Pérez Biscayart.
Aquella secuencia de baile fue lo primerísimo de la película que se filmó y lo único para lo que los actores tuvieron que ensayar. Contaron con el apoyo de Manuel Attwell, un bailarín, performer y coreógrafo de Buenos Aires, quien si bien los asesoraba, de ningún modo les dictaba de qué manera moverse. Todos los estrafalarios pasos de aquella danza —independientemente de un par que el director les solicitó que hicieran— se dieron con sobrada espontaneidad.
Por otro lado, el cautivador resultado final fue no sólo mérito de los actores, sino también del departamento de edición, encabezado por Rosario Suárez (Las siamesas) y Yibrán Asuad (La cocina). Originalmente, ciertos movimientos no entraban en el segmento de la canción deseado o existía más de una alternativa, y fue labor de los montajistas elegir qué planos eran más útiles y en qué momento de la melodía funcionaban mejor. Desde la perspectiva de Pérez Biscayart, “hubo toda una magia de edición que hace que la escena tenga eso que es tan atractivo de ver”.
“La filmamos en unas horas. Muy toma tras de toma, toma tras de toma, toma tras de toma… Hubo la intención de bailar fuera de tiempo y de no reproducir los movimientos que por ahí uno esperaría que esa canción produjera”, agrega el histrión. “[Se trataba de] ser irreverente, ser libre y, bueno, permitirse saltar al vacío”.
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El Jockey, una película argentina —en coproducción con México, España y Dinamarca— fue reconocida en la 72° edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián con el Premio Horizontes Latinos. De parte de nuestro país, la casa productora Piano (Annette, El triángulo de la tristeza) estuvo involucrada en su gestación, aparte de que es la encargada de su distribución a nivel nacional.
Julio Chavezmontes, cofundador de Piano y quien ejerció para El Jockey las labores de coproductor, rememora en entrevista con Cine PREMIERE la cálida recepción que tuvo la película en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. En sus palabras, “fue un momento muy especial el poder juntarnos todos, casi todo el equipo, y poder celebrar, disfrutar y cumplir juntos ese primer punto de contacto con el público mexicano”.
“Algo que siempre me da tranquilidad es que hay un extraordinario equipo en Piano», agrega. «Yo siempre trato de hacer mucho énfasis en eso, porque es lo que permite que hagamos todo lo que hacemos. [Piano] no soy yo. Y en el caso específico de la distribución, todo el crédito se lo merece Ester Bernal, que es la directora de Piano Distribución”.
La cinta de Luis Ortega es la octava de 2024 que se estrena comercialmente en México con el sello de Piano Distribución. Valentina o la serenidad y Luto son otros títulos de reciente lanzamiento que reafirman el rol de esta compañía como incansable impulsora del cine independiente.
“El reto que sigue el próximo año es hacer cine, distribuir cine y seguir defendiendo la idea de que el cine es una expresión humana que vale la pena”, nos dice Chavezmontes. “Que el cine que merece hacerse es justo como El Jockey, que es el que es libre y el que tiene algo que decirnos”.
El Jockey, elegida para representar a Argentina en los premios Óscar y Goya de 2025, se exhibe en salas mexicanas desde este viernes 6 de diciembre de 2024.

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