Golda – Crítica de la película

Golda – Crítica de la película

Ver por primera vez el trailer de la película Golda supone una revelación. Por casi dos minutos, uno observa en pantalla múltiples encuadres de una mujer mayor, encorvada, de andar parsimonioso pero firme y decidido, que no deja de resultar extraña y a la vez familiar. No es sino hasta que aparece el nombre de la actriz protagónica que todas las dudas se desvanecen. Debajo de los prostéticos y demás artilugios al servicio de la caracterización, yace la extraordinaria Helen Mirren, en una mezcla de imágenes astutamente seleccionadas en aras de que el avance publicitario nos pinte una biopic completamente imperdible. Al menos, a nivel de actuación.

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En el año en que Brendan Fraser obtuvo el codiciado reconocimiento de los Premios de la Academia por La ballena, Mirren viene a reiterar que una transformación en la apariencia física no exime de una personificación justa en lo gesticular, lo vocal, lejos, muy lejos de la caricatura no intencionada. Hallándose en la cumbre de sus habilidades histriónicas, la británica con más de 50 años de trayectoria porta magistralmente los distintivos zapatos (sobrios y elevados) de Golda Meir e inunda de matices esta figura histórica, tenaz y atormentada.

Ambientada en la década de los 70, Golda aborda momentos clave en la vida de quien fuera la primera ministra de Israel durante la Guerra de Yom Kipur, ocasionada por la sorpresiva intervención militar de Siria y Egipto en octubre de 1973. La cinta muestra la férrea y a veces errática dirigencia de la septuagenaria Meir en el transcurso de las casi tres semanas que duró el conflicto bélico, como también su lucha contra el cáncer y los demonios internos ligados a llevar la corona en tiempos tan funestos.

Ahora bien, el director Guy Nattiv —ganador del Óscar en 2019 por su cortometraje Skin— ciertamente no deja que la actriz de La reina cargue sobre sus hombros la película entera. A partir de un guion concebido por Nicholas Martin (Florence Foster Jenkins), el cineasta israelí usa todas las herramientas a su disposición para que este drama biográfico adquiera una sazón de thriller en más de una ocasión. Aunque no sean maniobras particularmente innovadoras, Nattiv sabe cuándo valerse de tomas largas, cuando de cortes rápidos y cuándo de un absorbente diseño sonoro, a favor de la tensión y la insaciable expectativa.

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De las victorias y derrotas narradas en Golda, cada una es visualmente singular, a pesar de que la cámara está puesta siempre en aquellos que atestiguan la acción desde sus audífonos y monitores, nunca en aquellos que mueren y matan en el campo de batalla. Sucede, por ejemplo, que sólo escuchamos estallidos y detonaciones, mientras que el cinefotógrafo Jasper Wolf (Muerte, muerte, muerte) permite a su lente volar libre. Y así, ingeniosamente retratar el búnker de Meir y sus oficiales en desequilibrio y a la deriva.

De cualquier modo, la propuesta del director termina cometiendo algunos traspiés. Entre ellos, el empleo de textos para presentar algunos personajes por nombre y ocupación, siendo información de la que totalmente se puede prescindir. Pero además, resulta problemática y quizás contraproducente su utilización de material de archivo.

En cierto momento de la película, Golda Mier visita un asentamiento militar, y lo que hace Guy Nattiv es empalmar el metraje real de la mandataria con el de la versión de Helen Mirren, fingiendo que es también material de antaño en blanco y negro. Sin embargo, al no coincidir la imagen de ambas mujeres —que supuestamente son la misma persona— la ilusión se rompe, sin sugerir que fuera premeditado. Caso similar al hecho de poner metraje del auténtico y un tanto escueto Henry Kissinger, secretario de estado de EE.UU., inmediatamente antes de meter una escena con el alto y fornido Liev Schreiber, quien lo interpreta en la ficción.

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Por otro lado, la película apuesta también por delinear el estado anímico y mental de la primera ministra. Pájaros parecen acechar a Golda, quien con dolor, apunta en una libreta el recuento de todas las bajas durante la guerra. El score, plagado de estridencias e instrumentos fuera de tono, asimismo acompaña (impecablemente) la pesadumbre del personaje y su temor a caer en la demencia. Y la propia narración nos habla de una profunda soledad con motivo del deber, empezando por la mención a un hijo que nunca aparece en pantalla.

Golda no es un mero desglose de eventos históricos. En la línea de la aclamada Oppenheimer, acierta en no solamente ver al personaje de frente a su contexto, sino enfrentado a sí mismo y a las repercusiones de sus acciones. Tema controversial el de Israel y su imperecedero conflicto en Medio Oriente, pero en lo que concierne a esta película, el mensaje es universal. Después de una guerra sin cuartel, ¿realmente qué ave quedará para volar libre? 

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.
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