Las vidas de Sing Sing – Crítica de la película
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¿Cuántas veces hemos escuchado que debemos encontrarle un “propósito” a nuestra vida? El cine, por medio de todos sus géneros, nos ha contado historias de héroes y villanos que toman decisiones y ejecutan acciones para, después, enfrentar las consecuencias de estas. Pero, ¿qué pasa con aquellas personas que las viven en carne propia todos los días? ¿Se puede encontrar un propósito cuando el sistema, e incluso la sociedad, ya condenaron a alguien? Tomando como base una inspiradora historia real, el director y guionista Greg Kwedar presenta Las vidas de Sing Sing, una película donde la prisión va más allá de simples rejas metálicas.
Divine G se encuentra preso en la carcel de Sing Sing por un crimen que no cometió. Ahí encuentra un nuevo propósito actuando en un grupo de teatro junto a otros hombres encarcelados. Todos deciden montar su primera comedia original, así que se adentran en la escritura, el diseño de escenarios y la confección de los vestuarios. Al mismo tiempo, descubren la humanidad y el poder transformador ocultos en el arte.

Ya lo vimos como un feroz activista (en Rustin), e incluso como un machista sin respeto por su esposa (en El color púrpura), pero Las vidas de Sing Sing permite que Colman Domingo dé su mejor interpretación hasta la fecha. A diferencia de los papeles mencionados, Divine G le abre el camino para una emotiva introspección. El personaje podría tener toda la furia del mundo por ser una víctima más de la “justicia”, pero se convierte en el faro de esperanza para todos sus compñaeros. Entre guiones, sueños inconclusos y deseos de libertad, Domingo hace un gran homenaje a todos quienes ven el arte como una salida.
Es importante destacar que, con excepción de Domingo y Paul Raci (quien interpreta al director de la obra), el elenco de soporte incluye a expresidiarios que formaron parte del programa “Rehabilitación a través de las Artes” (o RTA por sus siglas en inglés). Gracias a este, presente en la auténtica prisión de Sing Sing, nos encontramos con un fantástico Clarence Maclin, que no sólo está lleno de verdad, sino también domina las cámaras a la perfección. Su “Divine Eye”, que sirve de balance para el personaje de Colman Domingo, llama la atención por estar siempre al límite. En sus ojos, gestos y forma de moverse hay rabia, como si en cualquier momento pudiera explotar. Lejos de cualquier estereotipo, Maclin eleva a un hombre marcado por las dudas y sus inseguridades.

Si el guion se pudiera definir con una palabra, esa sería aprendizaje. Claro, los presos ganan una notable experiencia en el montaje de la obra, y este va desde lo profesional hasta lo personal. Sin embargo, hay muchas capas más. Escrito por Clint Bentley y Greg Kwedar, nos enseña cómo funciona un verdadero ensamble de personajes, y deja que cada uno de estos exprese, incluso en segundos, qué proposito persiguen durante su estadía en la cárcel. La colaboración de Clarence Maclin y el auténtico “Divine G” ayuda a que no haya prejuicios ni malas interpretaciones sobre la trama. En su lugar, se ofrece la oportunidad de ver el arte como la salida que los presos tanto anhelan, y no saben cómo explotar. Evidentemente, más de uno se sentirá identificado incluso si su contexto es otro.
Otra elección muy acertada en Las vidas de Sing Sing es el hilo narrativo. Por sí misma, la obra y su creación podrían servir como detonante de presiones, risas y hasta frustraciones. Al final del día, el libreto creado por los presos involucra a Freddy Krueger, viajes en el tiempo, drama histórico y notables referencias a Shakespeare. Sin embargo, se apuesta por las relaciones interpersonales, especialmemente la de Divine G y Divine Eye, para hablar de perdón, desencuentros, caos e inspiración. Todo lo que formula una verdadera amistad.

Detrás de las cámaras, Kwedar también toma decisiones atinadas. Hay más de una secuencia que se acerca a los límites entre la ficción y el documental. Y lejos de engrandecer el morbo o las condiciones en que viven los presos, tales momentos se utilizan para reforzar la dinámica entre los actores. Se agradece la sutileza, el respeto a la experiencia de quienes pasaron por el programa RTA, y la forma en que se juega con la creación de la obra. Incluso los ligeros toques de comedia son elegantes y favorecen el desarrollo de los personajes. ¿Hay momentos para conmoverse? Sí. Pero sobre todo, hay oportunidades de comprender.
Es cierto que en algunas secuencias se agradecería un poco más de profundidad, y también que peca de ser una película complaciente, sin embargo, Las vidas de Sing Sing es una experiencia que no dejará indiferente a quienes la vean. En su segundo largometraje como director, Greg Kwedar nos lleva a conocer esas vidas que parecen no tener un propósito claro, pero lo encuentran con cada día que se acercan a la libertad. Y aunque hay arte en lo que logran sobre el escenario, nada se compara con ver lo que este provoca dentro de ellos.

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