Médium – Crítica de la película
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La presencia que permea el terror de la película Médium (Oddity) es la de un tétrico maniquí de madera con la mirada velada y la boca abierta en una grotesca mueca cadavérica. Los espectadores enfrentados con esta imagen fuera de contexto, como en los materiales promocionales de la producción, podrían asumir (como quien escribe) que ésta es otra película de monstruos, con dicho maniquí como antagonista. Y estarían equivocados, pero también en buen camino hacia las gratas sorpresas que la película dirigida por el irlandés Damian McCarthy tiene para ofrecer. Porque esta es una historia que, a pesar de su sencillez superficial, nada como pez en las aguas ambiguas entre las dicotomías y las certidumbres.
La trama comienza con una mujer, Dani (Carolyn Bracken), quien acaba de mudarse a una remota cabaña de campo donde pasa las noches sola, mientras su esposo, Ted (Gwilym Lee), cubre el turno de madrugada en un hospital psiquiátrico. Ella está en una peligrosa disyuntiva: Olin (Tadhg Murphy), un extraño hombre con un ojo de cristal y antiguo paciente de su esposo, ha aparecido a su puerta para advertirle que alguien ha entrado a su casa mientras ella estaba distraída. ¿Estará diciendo la verdad, o es una trampa? ¿Debería dejarlo entrar para ayudarla o arriesgarse a enfrentar el supuesto peligro sola? ¿Es obra de lo sobrenatural o de algo más mundano?

McCarthy no nos da la respuesta de inmediato, y la narración avanza un año. Dani murió esa noche, Olin fue culpado por ello y devuelto al psiquiátrico, donde fue brutalmente asesinado. Lo único que quedó de su cráneo fue su ojo de cristal, que es llevado por Ted a Darcy (también Carolyn Bracken), la extraña y reclusa hermana gemela de Dani. Ciega y taciturna, afirma poder saber todo sobre una persona con solo tocar sus objetos personales. Con sospechas sobre las circunstancias alrededor de la muerte de su hermana, Darcy planea usar el ojo y su peculiar maniquí para encontrar respuestas durante una visita a la casa de Ted y su nueva novia, Yana (Caroline Menton).
En un principio, podría parecer que la película Médium se adentrará en los nebulosos terrenos donde la percepción de lo sobrenatural se cruza peligrosamente con los padecimientos mentales propios de pacientes psiquiátricos. Por medio de un par de diálogos, el guión de McCarthy incluso sugiere que Darcy podría estar imaginando las cosas producto de una condición neurológica. Sin embargo, al focalizar la historia desde Darcy, el director nos pone totalmente de su lado y fuera de toda duda.
Las ambigüedades están en otros sitios, oscilando entre el misterio y el terror. Respecto al primero, tenemos la intriga de lo que en verdad le sucedió a la víctima, quién fue el perpetrador y su motivo, casi en clave de un whodunit. El segundo contribuye a aderezar las incógnitas con otras sobrenaturales (¿cómo se salió el maniquí de su caja?), creando una atmósfera gótica de oscuridad y extrañeza que se vuelve asfixiante conforme crece la lista de eventos inexplicables. Hay simbolismo en tener un personaje tuerto y una protagonista ciega que, a pesar de sus limitaciones, están más cerca de la verdad. Pero eso también significa que nuestra protagonista, aunque está del lado de la justicia, existe en una densa penumbra psicológica y moral.

Sin embargo, en Médium, el director y guionista no se ocupa tanto de diseccionar la psicología de sus personajes, pues prefiere enfocarse en desentrañar el misterio. En manos menos cuidadosas, el recurso de la clarividencia sería un disparo en el pie que podría o dar todas las respuestas de golpe, o retrasar esas revelaciones de manera artificial e injustificada. McCarthy logra encontrar el balance y desarrollar la trama de manera dosificada e intrigante, incluso si sus personajes acaban quedándose como arquetipos poco desarrollados.
No obstante, otro acierto es la manera en que la producción mantiene su atmósfera aterradora. No es una película que abuse del infame jumpscare, sino que hace el recurso más efectivo gracias a su selectividad e ingenio. En otras palabras: son pocos sobresaltos, pero muy memorables gracias a que el director sabe utilizarlos de las maneras menos predecibles. Y es aquí donde entra en juego la ambigüedad de nuestra protagonista: el plano de lo místico y lo esotérico es muy real, pero resulta espeluznante cuando se convierte en un instrumento incomprensible de venganza.
Quizás el único “pero” es que Médium da rienda suelta al verdadero horror un poco tarde, y de manera demasiado contenida. Cuando da algo de rienda suelta a su rareza (o a su oddity… perdón), vuelve a pisar el freno para atar cabos sueltos y concluir su historia. Incluso si lo hace con un perverso y divertido guiño, es probable que sean los fans del misterio, y no tanto los del terror, quienes queden mejor saciados.

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