Zona de interés: Conoce la historia real detrás de la película nominada al Óscar

Zona de interés: Conoce la historia real detrás de la película nominada al Óscar

Una vez resuelta su película de ciencia ficción Bajo la piel (2013), el director Jonathan Glazer supo muy rápido cuál sería su siguiente proyecto fílmico. El mismo año en que la cinta estelarizada por Scarlett Johansson comenzó a exhibirse en festivales, el cineasta londinense leyó el avance de una novela próxima a publicarse que inmediatamente lo cautivó. Bajo el título La zona de interés (The Zone of Interest), se trataba de una ficción inspirada en una historia real de tiempos del Holocausto, o mejor dicho, en algunos personajes que lo perpetuaron; entre ellos, Rudolf Höss, un comandante nazi responsable del exterminio de cerca de un millón de judíos y de muchos otros prisioneros del Tercer Reich.

Aquella novela del autor británico Martin Amis, publicada en agosto de 2014, versa sobre el triángulo amoroso entre una versión ficcional de Höss —aquí llamado Paul Doll—, su cónyuge y un oficial del ejército nazi. No obstante, Glazer estuvo menos interesado en llevar este drama a la pantalla, y más en el enfoque del libro en torno a la indiferencia y la apatía de ciertas personas ante los crímenes más atroces. 

En lugar de apegarse al argumento de la obra literaria, el director simplemente partió de ella para consultar las fuentes de información histórica sobre las que se sustentaba y muchas otras que le permitieran comprender quién fue aquel comandante alemán que inspiró La zona de interés y que en complicidad con su esposa levantó un idílico hogar para criar a sus cinco hijos sólo a unos cuantos metros del campo de concentración de Auschwitz.

Tan estremecedor contraste devino la base para la película Zona de interés, mediante la que Jonathan Glazer cuenta al público una historia real —al margen de algunas licencias creativas— de cómo los actos inhumanos se normalizan.

Conoce la historia real detrás de Zona de interés

“El animal del Auschwitz”

El alemán Rudolf Höss (1901-1947) fue primeramente un joven soldado católico que, tras pelear en la Primera Guerra Mundial, se asoció con grupos paramilitares que presumían ser nacionalistas y anticomunistas. En 1923, un año después de afiliarse al Partido Nazi, él y unos cómplices —entre ellos, Martin Bormann, futuro jefe de la cancillería nazi— fueron arrestados por el brutal asesinato de un maestro de escuela. Pero ni los cinco años que Höss pasó en prisión por este homicidio fueron suficientes para truncar su ascenso al poder.

En 1934, el exconvicto se unió a la SS, el organismo policial y penitenciario al servicio de Adolfo Hitler, y casi inmediatamente pasó a formar parte de las «Unidades de la Calavera», subdivisión a cargo de los campos de concentración de la Alemania Nazi. Desde ahí, Höss siguió subiendo peldaños hasta convertirse en comandante (ergo, mandamás) del complejo Auschwitz en Polonia.

Höss tuvo ahí dos periodos de mandato. En el primero de ellos —de mayo de 1940 a noviembre de 1943— puso en práctica la “Solución Final”, es decir, la masacre de reclusos judíos, mediante cámaras de gas cargadas con pesticida Zyklon B; una cruel innovación que él mismo implementó y que posibilitaba matar a 2,000 prisioneros en menos de una hora.

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Después de algunos meses lejos de casa, en los cuales sostuvo el título de subinspector de campos de concentración, Höss regresó a Auschwitz para ejercer su segundo régimen como comandante —de mayo de 1944 a enero de 1945— y supervisó la denominada “Operación Höss” que resultó en el exterminio de 430,000 judíos húngaros.

Tras la rendición alemana, Hóss fue condenado por un tribunal polaco a morir en la horca. La ejecución sucedió al interior del mismo campo de concentración que durante años “el animal de Auschwitz” transformó en un infierno.

“La reina de Auschwitz”

¿Infierno? No para Hedwig Höss (1908-1989), esposa del genocida, quien a las puertas de Auschwitz se sentía en el paraíso. Ella conoció a Rudolf en 1928, año en que éste se volvió miembro de la Liga Artaman, movimiento agrario alemán, racista y de ultraderecha, que invitaba a abandonar las ciudades y migrar hacia el Este. Ya matrimoniados, los Höss mantuvieron una postura anti-urbana, y cuando arribaron a Polonia en la década de 1940, pusieron todos sus esfuerzos en crear un acogedor hogar campestre para toda la familia, sin importar cuán cerca estuviera del campo de concentración.

Algunos prisioneros de Auschwitz se convirtieron en trabajadores domésticos. Cocinaban, limpiaban y jugaban con las hijas e hijos de los Höss, entre otras tareas. Un sobreviviente polaco de nombre Stanisław Dubiel —quien se desempeñó como jardinero— declaró en 1946 que incluso ayudó a robar insumos del campo de concentración, los cuales Hedwig utilizaba para beneficio de su familia y para ofrecer “hermosas fiestas” cada que había invitados. Heinrich Himmler, supremo líder de la SS, visitó la residencia del comandante de Auschwitz en un par de ocasiones.

En general, la subsistencia de los Höss dependía de todo aquello que podían requisar. Varios de sus muebles habían sido propiedad de los reclusos, como también la ropa elegante y joyas que Hedwig obtuvo de los almacenes denominados “Canadá”, que era donde se guardaban los artículos confiscados. De acuerdo a información de The Telegraph, testigos vieron a la Sra. Höss vestir un lujoso abrigo de piel que había pertenecido a una prisionera muy probablemente erradicada en las cámaras de gas.

A Hedwig la llamaban “la reina de Auschwitz”, o según otras fuentes, “el ángel de Auschwitz”, en particular aquellos polacos que sentían que ella les había salvado la vida al darles empleo en su hogar.

El paraíso

La antigua residencia de los Höss (construcción que actualmente sigue en pie) está ubicada a pocos pasos del río Sola en Polonia, donde el comandante y su familia se bañaban y paseaban en canoa. Al otro lado, y prácticamente a la misma distancia, se hallaban los barracones de Auschwitz. Sólo 200 metros separaban aquella casa de ensueño de las cámaras de gas, e incluso era posible ver los crematorios desde el piso superior, además del humo de las chimeneas alzándose en el horizonte. Literalmente no había más que un muro entre el edén y el averno.

La intención de Jonathan Glazer era filmar Zona de interés en esa misma vivienda. Los dueños actuales estaban enteramente dispuestos a rentarla al equipo de producción. Sin embargo, muchísimas adecuaciones eran necesarias para que el interior volviera a parecerse al de hace 80 años. Al final, se optó por trasladar la filmación a una casa vecina; una igualmente pegada a los terrenos de Auschwitz y que, al hallarse desocupada, resultaba más fácil de remodelar. El diseñador de producción Chris Oddy convirtió aquella casa abandonada en una réplica del hogar de los Hoss, con todo y piscina, invernadero, cultivos y flores.  

Una secuencia de la película muestra a Rudolf Höss, aquí interpretado por el histrión Christian Friedel, caminando por unos túneles que conectan el sótano de su casa con el campo de concentración, justo después de tener coito con una mujer vestida de civil en su oficina. Según Friedel, tales túneles sí existieron. “Rudolf tenía la oportunidad de entrar en el campo sin ser visto y luego volver a casa”, declaró semanas atrás en un Q&A. Además, hay testimonios de que el comandante de Auschwitz efectivamente tuvo relaciones sexuales con una prisionera; acto que iba completamente en contra de la normativa.

La chica de las manzanas

En Zona de interés, por momentos la cámara se aparta de la vida de los Höss para retratar a una enigmática chica que, cobijada por la noche, ingresa clandestinamente a una obra en construcción donde diariamente los prisioneros de Auschwitz son obligados a trabajar en condiciones extremas. Lo que hace este personaje es colocar algunas manzanas en la tierra para que al día siguiente los reclusos tengan algo que comer. Se trata, pues, de un pequeño destello de luz en un mar de oscuridad, y que curiosamente estuvo inspirado en una mujer de la vida real.

Su nombre era Aleksandra Bystron-Kolodziejczyk (1927-2016), a quien Jonathan Glazer conoció poco antes de su fallecimiento. De voz de esta venerable anciana, el director supo que ella de adolescente formó parte del movimiento de resistencia polaca y que solía dejar comida en lugares donde los prisioneros pudieran recogerla horas después con absoluta discreción.

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Aleksandra también rememoró que, a partir de objetos depositados en el suelo, pudo establecer un sistema de comunicación con la desgraciada gente de Auschwitz. Por ejemplo, se intercambiaban mensajes ocultos en listones para el cabello, y en cierta ocasión, la muchacha encontró una partitura que escribió un prisionero de nombre Thomas Wolf (un hombre que afortunadamente pudo sobrevivir al Holocausto).

Según Glazer, fue gracias a estas anécdotas que obtuvo la fuerza suficiente para seguir adelante con tan desgastante proyecto cinematográfico (sobre todo, en lo anímico). A su parecer, la historia de Aleksandra representaba la bondad que perdura en la naturaleza humana, incluso en las circunstancias más aciagas. “De muchas maneras, ella es la razón por la que estamos sentados aquí”, declaró el cineasta en un detrás de cámaras de Zona de interés. Al final, dicho largometraje estuvo dedicado a su memoria.

Semejanzas entre libro y película

Como decíamos en un inicio, aunque el libro La zona de interés de Martin Amis fue un significativo punto de partida, ultimadamente no supuso una base narrativa para la cinta de Jonathan Glazer. La “adaptación” fílmica no posee prácticamente nada de aquella ficción literaria, ni siquiera el nombre de los personajes (la película sí respetó los verdaderos nombres de Rudolf Höss y compañía).

Sólo hay dos cosas que Zona de interés rescató de la obra literaria, y una de ellas evidentemente es el título. Para esto, cabe aclarar que “zona de interés” era la manera eufemística con que los nazis se referían al terreno de 40 kilómetros cuadrados que rodeaba el campo de concentración y exterminio de Auschwitz.

El otro elemento de la novela que se retomó para la película es sencillamente una línea de diálogo, según confesó el productor James Wilson a A.frame. Las dos plantean una situación en la que el protagonista no presta atención a cierto evento al que asiste (en el largometraje, es una fiesta nazi; en la novela, es una noche de ópera). En ambos casos, el personaje exclama lo siguiente: “Estaba demasiado ocupado pensando cómo echaría gas a todos los de la habitación. Sería bastante difícil debido a los techos altos”.

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Con Zona de interés, su director y guionista desdeñó hablarnos de un triángulo amoroso en tiempos del Holocausto. En su lugar, prefirió ser fiel a lo que se vivió a las afueras del campo de concentración más mortífero del Tercer Reich. No desde la perspectiva de las víctimas, sino de los victimarios, vistos no como demonios, sino como seres humanos comunes y corrientes, cuya ambición alimentada por el odio y la noción de superioridad, liberó, en palabras de Glazer, “la capacidad de violencia que hay en todos nosotros”.

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Zona de interés ya está en cines de México.

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.

Contenido original de Cine PREMIERE

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