FICM 2026: La bola negra – Crítica de la película
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Lo más importante de la vida es vivir. Suena obvio, pero en la práctica raramente lo es. Sobre todo porque el ser humano es una criatura muy curiosa a la que se le da por ponerse obstáculos. Obstáculos representados en forma de prejuicios, guerras, silencios. Pero no es que estemos condenados, porque al mismo tiempo hay quienes tienen la valentía de crear y de expresar, y por consiguiente, vivir. La bola negra es una película que surge de ese tipo de valentía y de la necesidad de acabar cosas inacabadas; de decir cosas no dichas.
Éste largometraje tuvo su estreno en el pasado festival de Cannes. Le dio el premio a Mejor Dirección a sus realizadores, Javier Ambrossi y Javier Calvo. La trama está inspirada en La piedra oscura, obra de teatro escrita por Alberto Conejero. Y también en La bola negra, obra de teatro que Federico García Lorca comenzó a escribir, pero no pudo terminar porque fue asesinado.
La historia entrelaza la vida de tres hombres homosexuales en diferentes periodos. Sebastián, un músico que por trágicas circunstancias se convierte en miembro del ejército fascista durante la guerra civil española. Carlos, un chico presionado por su padre a esconder su orientación sexual y a encajar con el resto de la sociedad. Y Alberto, un ex-escritor de obras teatrales que descubre un secreto familiar tras la muerte de su abuelo.
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El reconocimiento que Calvo y Ambrossi se llevaron en Cannes es totalmente merecido. Su dirección logra sumergirnos en la historia y reforzar cada una de las temáticas que aborda. Combinan exitosamente una bella fotografía y una estruendosa música, en secuencias que van desde lo más crudo hasta lo onírico, Y los movimientos de cámara acompañan a los actores como si fueran pareja de baile.
Pero lo que más exuda La bola negra es sensualidad y tragedia. La sensualidad llega cuando la cámara navega por la piel de sus protagonistas, acompañando su sudor y su aliento lentamente. Y la tragedia impacta al reflexionar que este tipo de historias funcionan, muchas veces, como la única conclusión para historias de amor reprimidas.
Claro que, sin caer en el pesimismo, el largometraje también recuerda que la importancia de este tipo de producciones recae en que, como lo expresa la misma película, pueden servirle a nuevas generaciones para que no cometan los mismos errores y no acaben en las mismas circunstancias. Una nota esperanzadora al final del tortuoso camino.
La bola negra es un ejercicio que nos invita a revisitar la historia, poniendo el énfasis en las personas que la construyeron, y lo que nos hace sentir, más que los hechos.

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