No te preocupes cariño – Crítica de la película


Luego de muchos comentarios respecto a la película y su elenco, No te preocupes cariño por fin llega a la pantalla grande este fin de semana. Más allá de toda la controversia, el nuevo filme dirigido por Olivia Wilde es una remezcla de ideas, con intenciones claras de hacer un comentario social. Si bien es de aplaudir la valentía de la cineasta para conversar sobre ciertos temas, el mayor problema es que otros grandes filmes ya lo han hecho… e indudablemente de mejor manera.

Su segunda aventura como directora reúne a un elenco de lujo para un thriller psicológico que versa sobre la opresión en un mundo diseñado para mantener a raya a sus habitantes. Alice (Florence Pugh) y Jack Chambers (Harry Styles) son una pareja de casados noveles recién mudados a Victoria. Éste es un poblado pequeño conformado de suburbios en donde la vida ideal no es otra que la realidad en la que viven. La pareja acostumbra pasar las tardes bebiendo copas con amigos, todos ellos también parejas jóvenes que viven el ideal del sueño americano. 

Todos los hombres de Victoria trabajan en el mismo lugar. Muy temprano ellos salen de sus casas y formados como ovejas acuden a su empleo a las afueras del pueblo. Un trabajo secreto del cual no pueden hablar ni con sus esposas y cuyo líder es Frank (Chris Pine), quien también es el fundador de la pequeña comunidad.  

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Todo marcha con normalidad hasta que Alice pronto detecta que quizá se encuentre dentro de una fantasía fabricada. Los avances de la película ya revelan las muchas formas en las que la protagonista encuentra los fallos del mundo en el que vive. No hay mayores sorpresas una vez vista la película. Aquello no debería ser un problema, pues el factor sorpresa casi siempre se ve minimizado ante una buena construcción de la historia y un manejo del suspenso encomiable. Cuestiones de las que carece la película. 

La idea detrás de No te preocupes cariño, es la de hacer una película con reflexiones diversas sobre varias cuestiones. Y cuando digo varias, es porque en realidad son muchas. En ciertos momentos es una crítica al sueño americano; en otros un discurso enemigo de la misoginia y el papel servil de la mujer; más adelante encuentra ese toque sexual que busca empoderar a la mujer en ciertos relatos; después habla sobre el socialismo; e incluso existe una crítica al mundo tecnológico posmoderno al que nos dirigimos.

Todos los anteriores, discursos muy interesantes que pronto se quedan sepultados ante el formato más efectista y convencional de la película. Olivia Wilde reserva sus esfuerzos no para dejar en claro y de manera organizada todas sus ideas. Sino para dotar de estilo audiovisual a una película que en ultimadas cuentas solo busca -al parecer- convertirse en un filme de suspenso de ocasión. 

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Conforme más preguntas plantea la película, más difícil será para ella responderlas más adelante. De algunas no obtenemos respuesta alguna. Por ejemplo, existen muchas situaciones como una escena en donde las paredes se cierran; otra en donde el personaje de Pugh azota la cabeza contra un espejo; o una imagen de un avión que cae detrás de la montaña. Todas ellas secuencias creadas de manera llamativa para dejar en claro que algo no está bien. Y para construir suspenso, de una forma bastante obvia y poco creativa. Mismas que al final no encuentran una explicación lógica que aporte carga dramática o emocional a la historia.

Pongamos de ejemplo algo reciente como WandaVision (con la que guarda ciertas similitudes). Esa manía de conducir la historia a través de las estéticas de diversas etapas de las sitcom, al final encuentra una respuesta y demuestra no ser un capricho estético. No te preocupes cariño justamente es una película repleta de caprichos estéticos. Apuntala muchas ideas sobre las que quiere hacer denuncia, como si se tratara de una Huye! de Jordan Peele. Sitúa muchas elipsis de un mundo maquinado que nunca encuentran su contraparte cuando la verdad del argumento es revelado.

Más que dotar de sentido a su obra, Wilde sucumbe a la decisión de mostrarnos cuánto estilo tiene como directora y no qué tan hábil es para formular discursos. En ese sentido la película es un derroche audiovisual impecable. Los escenarios y decorados diseñados por Katie Byron son el eye candy perfecto para los fans de Mad Men. Los vestuarios de Arianne Phillips también endulzan la pantalla. Y la fotografía de Matthew Libatique (responsable de las imágenes de El cisne negro, otra obviedad) se encarga de que el conjunto luzca tan impecable como inquietante. 

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Nadie puede dudar que No te preocupes cariño sea una película con un estilo audiovisual muy conseguido. Wilde se preocupa por consagrar cada escena con alguna buena idea en la puesta en escena. Planos medios y cortos para encuadrar la belleza de su reparto. Planos en detalle para encuadrar la perfección de los detalles como la comida, los cuerpos de sus actores (sobre todo en las escenas de sexo). Cortes abruptos que sugieren imágenes que la protagonista ya ha visto antes. El diseño de muchas de aquellas imágenes pretende ser perturbador (como un grupo de bailarinas en la oscuridad), pero se nota en exceso el esfuerzo por ser provocador. 

La banda sonora de John Powell adolece del mismo mal. Su composición busca ser llamativa, con el uso de voces jadeantes que crean una armonía musical. Algo muy en la línea del Medúlla de Björk, que se percibe pretencioso y que, a decir verdad, poco sentido tiene con las imágenes. 

Mucho se ha hablado sobre las varias influencias utilizadas por la directora, y las muchas otras obras que se parecen a esta historia. Sin embargo, no importa cuánto se parezca a otras películas, el problema de No te preocupes cariño es que no logra hacer lo propio con respecto a aquellas, aunque goce de las mismas ideas y se cuelgue de las mismas intenciones.

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Si bien en general la película flaquea durante gran parte de sus esfuerzos, la realidad es que para el espectador menos exigente será una experiencia de suspenso bien lograda. Sin importar que carezca de originalidad, o de que su gran giro argumental se pueda adivinar desde muy temprano en el metraje, a final de cuentas la cinta es un viaje convulso, pero bastante entretenido. 

No te preocupes cariño sobre todo se sostiene -aparte de su estilo visual- por los esfuerzos de su elenco. Chris Pine es el villano de la historia y compone una interpretación inquietante que asemeja a cualquier alarmante líder de culto. Por su parte, Harry Styles es eclipsado a cada momento por el resto, pero en la mayoría de sus escenas deja entrever a una estrella que tiene el talento necesario, pero que fue abandonada por la dirección. 

Lo mejor deviene cuando se habla de Florence Pugh. A lo largo de su carrera la actriz ha conseguido labrar esa figura de mujer puesta en situaciones límite, que tiene la energía necesaria para transmitir su paranoia a todo el público frente a la pantalla. Su actuación aquí es sin duda el sostén primario de la película. Gracias a su compromiso por creerse en carne propia situaciones que en ocasiones resultan inverosímiles y exageradas (como aquella en la que envuelve su cabeza con plástico de cocina), la película encuentra aquella dimensión tan necesaria que la salva de caer en el olvido.

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A final de cuentas, el segundo largometraje de Olivia Wilde es más forma que fondo. Lo cual no sería un problema, dado que no todas las películas deben tener un comentario social o un mensaje de trasfondo para obtener validez. El problema es que No te preocupes cariño se empeña en hacernos creer que busca hablarnos de cosas necesarias y rara vez lo consigue. Se cree más importante de lo que es y es en su pretensión en donde encuentra su caída más brutal.

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mm Mi carta de Hogwarts nunca llegó, así que enfoqué mi vida en el cine. Me gusta escribir, Harry Potter, Doctor Who y las fiestas en las que me pongo astrólogo. John Williams y The Killers musicalizan el drama de mi vida.
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