Historia del trailer cinematográfico: El arte de “vender” una película en pocos segundos
El camino hasta que una película llega a los cines es complicado. Luego de que termine la filmación, es momento de ensamblar todo el material obtenido como si de un rompecabezas se tratara. Al mismo tiempo, y mientras se acerca el estreno, toda la posible audiencia necesita saber qué películas estrenarán en los próximos meses. Un póster o algunas imágenes no son suficientes; es necesario apreciar escenas del producto para decidir si vale la pena (o no) invertir tiempo y dinero para verlo en la pantalla, ya sea la del cine o de una televisión. De ahí la importancia de un trailer para las películas, cuya historia se remonta a hace más de un siglo. A continuación, te presentamos todo sobre su surgimiento y evolución.
Un buen trailer nos presenta la historia que veremos en pantalla. En pocos minutos (regularmente menos de tres), esta pieza promocional debe ponernos en contexto para saber qué podemos esperar de la producción en cuestión. Hay algunos que son más crípticos, con escenas ambiguas y elementos que invitan más a la especulación, y otros que de plano cuentan toda la historia. Pero su intención es la misma: invitar a los espectadores a disfrutar la historia que venden.
¿Cuál fue el primer trailer de la historia?
La evolución del trailer va de la mano con el crecimiento de las películas. El primero de la historia, en 1913, se le atribuye a Nils Granlund, director de publicidad de los cines de Marcus Loew. Consistía en la unión de varias imágenes pertenecientes a los ensayos de The Pleasure Seekers, una obra de Broadway que triunfaba en la época. El material se proyectaba al termino de cada función en los cines, y funcionaba como una invitación para que los asistentes acudieran a verla.

Ese mismo año llegó a los cines Las aventuras de Kathlyn, una película “en capítulos” que, al termino de cada uno, presentaba un breve avance del siguiente. La reacción fue sumamente positiva, pues los espectadores se quedaban con ganas de ver más.
Poco a poco se empezó a construir la “industria de los trailers”. Para 1916, los estudios ya existentes utilizaban una técnica particular: escenas de la película en cuestión y texto sobreimpreso, este último enfocado en el nombre de sus estrellas. El año siguiente, The New York Times utilizó, por primera vez, la palabra “trail” (“seguir” en español) para referirse a estos avances, ya que se emitían una vez terminada cualquier película.
Un proceso más formal
En 1919 surge The National Screen Service (NSS). Pronto se convertiría en una de las empresas más populares dentro de la industria cinematográfica, ya que se dedicaba a crear los trailer de las películas por cuenta propia y luego los vendía a los estudios para que promocionaran sus próximos estrenos. La compañía creada por Herman Robbins tuvo la aprobación de los ejecutivos cinematográficos y provocó la aparición de un monopolio por las próximas cuatro décadas.
A NSS se le atribuye el surgimiento de esas frases que, actualmente, sirven para generar aún más expectativa. Por ejemplo, el trailer de Lo que el viento se llevó mencionaba: “La pantalla nunca ha visto una historia de amor que se compare con esta”. En el de Frankenstein se decía que podía “conmocionar a las mujeres hasta provocarles una histeria no controlada”. Como regla, la última parte del trailer se dedicaba a promover los elencos llenos de estrellas, en especial si estos ya contaban con un Óscar. Durante los años 30 se decidió cambiar la práctica, y ahora los avances se presentaban antes de la proyección, algo que se mantiene hasta nuestros días.
La lucha por una personalidad propia
Al pasar los años, y cuando los directores comenzaron a ganar libertad creativa, se hizo evidente que los trabajadores del NSS trabajaban sin una pizca de evolución. Y más de un cineasta no estaba conforme con ello. Orson Welles fue uno de los primeros realizadores que mostraron gran control sobre sus películas, y ello se evidenció con el trailer de Ciudadano Kane.
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En él, Welles aparece en persona para presentar a su enigmático protagonista y a los personajes que le acompañan en el largometraje. “No sé cómo hablarles de él… tantas cosas que decir”, se oye en el avance. Gracias al “testimonio” de varias personas, se construye una intriga alrededor del protagonista. Dicha técnica sobresalió por su ingenio, y también por ofrecer algo diferente a lo que mostraban todas las demás películas en cartelera.
A mediados de los 50, The National Screen Service estaba en sus últimos alientos. El surgimiento de figuras como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick y François Truffaut dio pie a lo que se conocería como el “cine de autor”. Y las producciones que lo integraban no se podían vender como lo hacían todas las demás. Poco a poco, la calidad imperó por encima de todo, y los trailers mejoraron como resultado de ello.
Ya existían divisiones que se dedicaban a trabajar para los avances de cada estudio, y estos mostraban una personalidad única. No sólo se adecuaban a lo que cada cinta quería contar, también las tipografías, e incluso la música eran exclusivas de cada proyecto. Uno de los trailers más recordados en la década de los 60 es el de Dr. Insólito o: Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba, película de Stanley Kubrick. En éste trabajó Pablo Ferro, diseñador gráfico que, en pocos segundos, mezcló sonidos, stills perturbadores y preguntas incisivas. La promoción no reveló mucho de la cinta, pero sí transmitió la idea de que su historia escondía algo peculiar.
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Una promoción desmedida, pero lucrativa
Con el incremento de la taquilla, se hizo evidente que, a mayor promoción, mejores ingresos económicos. Las películas de los 70 pasaban por una constante: sorprender en taquilla con sus recaudaciones, y eso provocó una estrategia vigente hasta la actualidad. Los estudios destinaban millones de dólares para promover sus grandes estrenos, y las campañas publicitarias incluían más de un trailer o múltiples pósters para sus películas
Ante una competencia cada vez más feroz, los estudios comenzaron a tirar la casa por la ventana. Si antes los avances se caracterizaban por ser ambiguos, o por simplemente “invitar” a los espectadores en vez de “vender” la trama, ahora se necesitaba explotar la acción. Es aquí donde surge la aparición de los llamados “TV Spots”, pues también se buscaba llegar al público que veía la televisión, especialmente en los horarios nocturnos (donde hay mayor audiencia).
Tiburón es la película a la que se le atribuye tener uno de los primeros trailers que “contaban todo”. Si ya han visto la película y le echan un vistazo a su avance, podrán notar que este prácticamente funciona como un resumen de la historia. De cualquier manera, la estrategia funcionó, y Tiburón se convirtió en todo un fenómeno de taquilla.
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Otro aspecto importante de la época eran esas voces que caracterizaban a cada avance. Con gran solemnidad, Don LaFontaine y Percy Rodríguez se convirtieron en las voces icónicas que acompañaban cada nuevo trailer. El exorcista, Terminator y Mi pobre angelito son algunas producciones que usaron sus voces en la campaña publicitaria.
A partir de esa época se considera que los trailers se convirtieron en algo más cercano a lo que actualmente disfrutamos. Se adoptó una estructura de tres actos similar a la de una película como tal, y es una de las predominantes en la actualidad. Los primeros segundos nos dejan conocer el ambiente y a los protagonistas de la historia, luego nos adentramos en la historia, y finalmente hay una sucesión de escenas emocionantes con música, que sirve para elevar la tensión.
La figura de Joseph Farrell es vital para entender la más reciente evolución en la historia del trailer cinematográfico. Este hombre, al que se le conoce como “el padre del trailer moderno”, fue parte muy importante de National Research Group, la empresa de marketing más importante en Hollywood. Sus conocimientos sobre la audiencia permitieron afinar el “molde” que debían seguir los avances de los blockbusters.
Además, tuvo la idea de hacer funciones de prueba (o test screenings) para saber si las películas necesitaban aún más trabajo antes de llegar a los cines. También dividió a la audiencia en cuatro segmentos para un mejor análisis en la industria: hombres, mujeres, menores de 25 años y mayores de 25. Ambas prácticas aún se ponen en prácticas dentro del séptimo arte.
Actualmente, Internet y las diversas plataformas que lo componen son la forma elegida para que los estudios hagan llegar sus avances a la audiencia. Ahora es más fácil que el público sepa sobre los próximos estrenos a través de YouTube y redes sociales que yendo al cine y viendo trailers en la pantalla grande. Películas como It (Eso), las últimas entregas de Avengers, Spider-Man: Sin camino a casa, o Deadpool y Wolverine, por poner algunos ejemplos, han convertido la espera por el trailer de algunas películas en un verdadero fenómeno.

Todos quieren ser el primero en ver los avances; todos quieren analizar, antes que nadie, cada detalle presentado. Y para los estudios resulta relativamente barato seguir tal estrategia, pues pueden lanzar avances no aptos para la televisión, pero que sirven para generar conversaciones. The Motion Picture Asociation of America (MPAA) regula la clasificación de los mismos en función de lo que presenten a lo largo de su duración.
De acuerdo con la Universidad de Michigan, a los estudios les conviene estrenar sus avances en internet gracias a que resulta más barato en comparación con las técnicas antiguas. Estos se encuentran a disposición de una gran cantidad de gente que puede verlos a la hora que se le antoje. Si bien, aún se paga por la creación de los “TV Spots”, estos ya no representan la única opción para promover una película fuera de los cines.
A más de un siglo, la importancia de un trailer para las películas es cada vez mayor. Aún representa el primer gran contacto de una producción con su audiencia. En una época donde cada semana se estrenan contenidos de todos los tipos, géneros y plataformas, es indispensable cortar el avance perfecto. Saber qué escenas mostrar, a qué actores resaltar, y con qué música acompañar el video es todo un arte. Una decisión que puede convertirse en la diferencia entre pagar un boleto y dar play, o ignorar el trabajo de todo un talentoso grupo de personas.
Para ti, ¿cuál es el mejor trailer que has visto?

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